
Cómo cuidar a una persona con alzhéimer
Autora: Dra. Alicia López de Ocáriz
directora médica de Cinfa
¿Qué es el Alzheimer y qué provoca?
Como se comenta en el tema “Alzhéimer: qué es, cómo evoluciona y primeras señales de alerta”, el alzhéimer es la enfermedad neurodegenerativa con mayor incidencia a nivel mundial y la principal causa de demencia. Esta dolencia, que afecta sobre todo a los mayores de 65 años, genera la pérdida progresiva e irreversible de funciones cognitivas como la memoria, el lenguaje y la orientación, además de alteraciones emocionales y conductuales.
“Las personas cuidadoras de un familiar con alzhéimer cumplen un papel primordial en su bienestar, por lo que conocer las pautas para cuidar y cuidarse en el proceso es fundamental”.
¿Qué cuidados necesita una persona con alzhéimer?
Conforme progresa la enfermedad, la persona sufre un deterioro de la calidad de vida y comienza a perder autonomía en el día a día, lo que implica en la mayoría de las ocasiones la necesidad de cuidados diarios. En sus fases más avanzadas, han de prestarse, incluso, las veinticuatro horas del día, lo que llega a exigir una elevada dedicación por parte de su entorno cuidador.
Sin embargo, puede resultar difícil para las personas cuidadoras estar preparadas para la responsabilidad que este rol implica y para el impacto físico, psicológico y social que puede traer consigo.
¿Cómo cuidar a un familiar con demencia?
Uno de los aspectos más complejos en el cuidado de personas cercanas con alzhéimer es asumir los cambios en su conducta, que pueden llevarle a alteraciones repentinas de humor, momentos de tristeza o nerviosismo o incluso agresividad hacia su entorno. En este sentido, es clave tener presente y entender que este comportamiento no responde a una lógica, ni a una mala intención, sino que es consecuencia de la enfermedad.
Además, seguir los siguientes consejos, basados en las recomendaciones de distintas asociaciones de pacientes de alzhéimer, pueden ayudar a quienes cuidan a afrontar mejor las situaciones habituales que pueden darse en el día a día, sobre todo en las fases más avanzadas de la enfermedad, cuidando mejor de su familiar y preservando también su autocuidado:
- Adaptaremos su entorno. Tal y como se explica en el artículo “Cómo adaptar el hogar para personas con movilidad reducida”, facilitaremos su movilidad dentro de casa eliminando posibles barreras u objetos y señalizando cristales para reducir el riesgo de choques y caídas. A ser posible, en el baño, sustituiremos la bañera por un plato de ducha, en la que instalaremos un asiento y asideros, y quitaremos los pestillos de la puerta. Y en la cocina, sustituiremos los fuegos de gas o eléctricos por una placa vitrocerámica o de inducción y usaremos vajilla y vasos que no se puedan romper. En el dormitorio, retiraremos objetos que puedan estorbar al andar, como alfombras o cables.
- Velaremos por su seguridad en los pequeños detalles. Por ejemplo, guardaremos los medicamentos bajo llave y en un lugar fuera de su alcance, al igual que, en la cocina y el baño, los utensilios punzantes, pequeños electrodomésticos y sustancias que entrañen riesgos para nuestro familiar, como los cuchillos o los productos de limpieza. Retiraremos también regularmente de la nevera los alimentos caducados o que no se hallen en buen estado e instalaremos mecanismos de seguridad en estufas y aparatos de gas. Cuando planifiquemos actividades como manualidades o salidas, nos aseguraremos de que tampoco impliquen riesgos.
- Le ayudaremos a orientarse en el espacio y el tiempo. Medidas como, por ejemplo, señalizar cada habitación con un dibujo o cartel identificativo o conseguirle un reloj y un calendario con números y letras grandes puede facilitar la vida a nuestro familiar y, por tanto, la nuestra. Por las mañanas, abriremos las persianas y cortinas para que comprenda que es de día y usaremos luces tenues por la noche. También dejaremos cerca de la cama por la noche una luz encendida para evitar que se desoriente si se despierta. En estadios avanzados de la dolencia, taparemos los espejos, que pueden confundirle. Además, cuando salga o salgamos de casa, extremaremos las precauciones para que no se pierda, recurriendo, cuando sea necesario, a pulseras identificativas con un número de teléfono de contacto o a dispositivos de localización como relojes con GPS.
- Maximizaremos el orden. De esta manera, lograremos que se mantengan siempre en el mismo sitio los objetos que nuestro familiar utiliza de forma habitual, lo que le ayudará a sentirse más seguro.
- Estableceremos rutinas diarias. En vez de improvisar cada día, llevaremos siempre a cabo de la misma manera y en la misma hora y lugar las comidas, la higiene, las necesidades básicas y las actividades, intentando que estas se parezcan en la mayor medida posible a las que realizaba antes del alzhéimer. También trataremos de que siga usando las habilidades que todavía conserve para que pueda sentirse útil y valorado.
- Comeremos a un horario fijo y en un ambiente tranquilo. Es importante optar por una alimentación abundante en frutas y verduras y, en la medida de lo posible, libre de alimentos procesados. En fases avanzadas y para evitar atragantamientos, le ofreceremos la comida cortada en trozos pequeños o triturada, si es preciso, y nunca le obligaremos a comer a la fuerza. También procuraremos que se hidrate suficientemente, sobre todo en días de mucho calor.
- Evitaremos los ruidos innecesarios. Por ejemplo, prescindiendo de poner la televisión o la radio o haciéndolo a un volumen bajo. La música suave de ambiente puede ayudarle a evitar el sentimiento de soledad.
- Le hablaremos con suavidad y dirigiéndonos a él o ella. Para transmitirle seguridad, le llamaremos por su nombre, al tiempo que creamos contacto visual y le hablamos con suavidad y lentitud. También es una buena idea que establezcamos contacto físico dándole la mano o tocándole y que le comuniquemos una sola idea cada vez.
- Fomentaremos su autonomía y evitaremos intervenir de manera sistemática. Es recomendable que, mientras sea posible, nuestro familiar sea lo más autónomo posible y continúe realizando por sí mismo actividades cotidianas como afeitarse, vestirse, peinarse o lavarse, incluso aunque no las haga del todo bien. Podemos adaptar ciertos aspectos, por ejemplo, sustituyendo prendas de ropa con botones o zapatos de cordones por otros con velcros, y ayudarle y guiarle, pero sin impedirle llevar a cabo labores que aún pueda realizar por sí mismo.
- Trataremos de tener paciencia. Como acabamos de ver, es conveniente que siga realizando las actividades que le gusten o tareas sencillas que no impliquen riesgo para sí mismo o su entorno. No obstante, probablemente, estas le requieran más tiempo y esfuerzo que a una persona sin deterioro cognitivo. Por ello, la paciencia, aunque a veces difícil, es básica, sobre todo durante su higiene diaria, cuando debemos dejarle su tiempo y respetar su intimidad.
- Trataremos de anticiparnos. Conocer la enfermedad de antemano nos ayudará a adelantarnos a posibles situaciones, con el fin de saber reaccionar a tiempo y actuar con mayor eficiencia. Por ejemplo, podemos prevenir a los vecinos por si nuestro familiar se perdiera o ponerle una pulsera con sus datos identificativos.
- Intentaremos mantener la calma. Como ya hemos comentado, hemos de tener siempre presente que la conducta de nuestro familiar no obedece a una lógica ni a una mala intención, sino que es consecuencia de la enfermedad. Por este motivo, aunque muchas veces no comprendamos su comportamiento, trataremos de no enfadarnos y evitar las discusiones, que pueden, además, generar ansiedad en el paciente y en su entorno cuidador. Si reaccionara mal en algunas situaciones, recordaremos que no nos está atacando conscientemente.
- Trataremos de estimularle física e intelectualmente. Para ello, podemos realizar en casa rutinas de ejercicio físico que, adaptadas a su estado general de salud y necesidades, contribuyan a frenar el deterioro de capacidades como la fuerza y la movilidad. Asimismo, también podemos llevar a cabo actividades y juegos que le ayuden a preservar funciones cognitivas como el lenguaje, la memoria, la orientación, la atención y el cálculo.
- Nos cuidaremos para cuidarle. Aunque no siempre es fácil, es muy importante intentar buscar un tiempo y espacio para descansar, comer y dormir bien, así como reservarnos nuestros espacios de ocio y entretenimiento, aunque sean breves. Para cuidar a nuestro familiar adecuadamente, es fundamental que nos encontremos bien tanto física como psicológicamente. Y si recordamos la importancia de tener y desarrollar la paciencia que requiere cuidar a pacientes con alzhéimer y el impacto emocional que tiene la enfermedad en las personas cuidadoras, cuidarse es aún más fundamental.
- Busca apoyo en tu entorno cercano o en entidades de referencia: Cuidar de una persona con alzhéimer puede resultar complejo y exigente. Recuerda que no debes afrontar esta tarea en solitario, y que, si dispones de una red de apoyo, es muy recomendable compartir la responsabilidad del cuidado. Así mismo, puedes recurrir a asociaciones de pacientes o entidades sociales como CEAFA o Cruz Roja, que cuentan con programas y talleres de formación e intervención terapéutica para personas cuidadoras.
Fuentes:
- Confederación Española de Alzheimer y otras Demencias (CEAFA).
- Federació Valenciana d’Associacions de Familiars i Amics de Persones amb Alzheimer (FEVAFA). “Guía de cuidados en el hogar para pacientes de demencia y Alzheimer”.
- Fundación Alzheimer España.
- AFAN: Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Navarra.
- Laboratorios Cinfa. Cinfasalud. “Alzheimer”. Autor: Doctor Julio Maset, médico de Cinfa.
