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Las personas mayores son especialmente vulnerables a los efectos de las olas de calor que, desde hace algunas décadas, sufrimos cada vez con mayor frecuencia. Según la Asociación Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), las personas de más de 65 años son quienes mayor riesgo corren de sufrir un golpe de calor o una deshidratación, ya que los mecanismos termorreguladores del organismo se alteran con la edad, por lo que se reduce la sensación de calor y la percepción de la sed. 

Se considera que se sufre un golpe de calor cuando la temperatura corporal aumenta por encima de los 40ºC durante un periodo de tiempo prolongado, mientras que la deshidratación -la pérdida excesiva de líquidos del organismo- sucede cuando el cuerpo pierde más agua de la que ingiere o cuando disminuye la ingesta de líquidos. Aunque son dos problemáticas distintas, pueden llegar a estar muy relacionadas. La deshidratación aumenta el riesgo de golpe de calor porque impide la sudoración, un mecanismo de nuestro cuerpo para bajar la temperatura corporal. Y a su vez, el incremento de la temperatura corporal conlleva un aumento de la sudoración para intentar bajarla, que, si no se acompaña de una reposición adecuada de líquidos, puede provocar deshidratación. Además de provocar numerosos síntomas, si no se tratan a tiempo, ambas afecciones pueden derivar en fallos orgánicos irreversibles y en el fallecimiento de la persona, por lo que resulta clave saber identificarlos y actuar con rapidez.


“Las personas mayores son más propensas a sufrir golpes de calor o deshidratación, ya que los mecanismos termorreguladores del organismo se alteran con la edad”.

El riesgo es mayor en personas mayores con daño cognitivo o enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer, con dolencias crónicas como diabetes o enfermedad cardiovascular, con sobrepeso o en los que usan fármacos que acrecientan la deshidratación.


Es crucial que, en periodos de temperaturas extremadamente elevadas, prestemos atención a si la persona que cuidamos presenta síntomas indicativos de un golpe de calor. El principal es el aumento de la temperatura corporal por encima de los 40 grados, acompañado de los siguientes signos: piel seca y caliente, sensación de boca pastosa, ausencia de sudor, dolor de cabeza, sed intensa, respiración rápida, sensación de falta de aire, taquicardia y pulso rápido, calambres musculares en los brazos, náuseas y vómitos, mareos, confusión, desorientación e incluso pérdida de conciencia. 

En el caso de la población mayor, el reconocimiento del golpe de calor se ve dificultado por otras enfermedades que pueden provocar igualmente estos síntomas, pero, si coinciden con un periodo de altas temperaturas, hay que pensar en un golpe de calor y seguir las pautas indicadas en estos casos, ya que la inmediatez en la actuación resulta clave. 


También hemos de estar alerta ante los primeros signos de deshidratación, como sensación de sed -aunque no muy intensa-, ligero incremento del pulso, estado de ánimo algo inquieto o una leve pérdida de peso. Si la deshidratación ha avanzado, pueden aparecer síntomas como sequedad de la boca y de otras mucosas, poca o nula producción de orina, menor turgencia en la piel, ojos hundidos, pulso débil, taquicardia, confusión, apatía, mareos e incluso desmayos.


Si la persona que cuidamos sufre un golpe de calor, llamaremos a emergencias (112) para solicitar ayuda médica. Mientras esta llega, debemos intentar bajar su temperatura corporal a 37ºC lo antes posible, para lo que la recostaremos a la sombra y en una zona bien ventilada. Además, le quitaremos o aflojaremos la ropa y le aplicaremos toallas, compresas o paños fríos sobre cuello, ingles, axilas y cabeza. Si está consciente, le ofreceremos agua, pidiéndole que la beba poco a poco.


En el caso de deshidratación, también es crucial reaccionar con celeridad y ayudar a nuestro familiar a reponer cuanto antes los líquidos y electrolitos perdidos. Si la deshidratación es leve, el agua fresca es la opción preferible y, en el caso de que haya avanzado, existen soluciones de rehidratación oral que ayudan a reponer las pérdidas del organismo, especialmente útiles en personas mayores y niños. Los zumos y refrescos no están recomendados.

Si la deshidratación fuera grave, solicitaremos también ayuda médica de emergencia, ya que, probablemente, la persona que cuidamos necesitará recibir por vía intravenosa los líquidos y sales perdidos.


Nuestro objetivo, de todos modos, ha de ser evitar que nuestro familiar llegue a sufrir las anteriores situaciones. Para lograrlo, es recomendable seguir siempre las siguientes medidas preventivas, que debemos extremar en las épocas en que las temperaturas y la humedad son más elevadas y en el caso de que tenga alguno de los factores de riesgo que hemos comentado.

  • Aumentar la ingesta de líquidos en épocas de calor (siempre y cuando no exista una contraindicación médica). Dado que la falta de sed es engañosa y que las personas mayores en ocasiones no la perciben, hay que ofrecérsela de manera frecuente, sin esperar a que aparezcan los signos de deshidratación. También podemos darle infusiones o zumos de frutas, mientras que evitaremos el consumo de bebidas alcohólicas. 
  • Optaremos por comidas ligeras. Esto permitirá que las digestiones también lo sean y facilitará la termorregulación corporal. Trataremos, además, de que su alimentación sea abundante en verduras y frutas y alimentos ricos en agua -siempre y cuando no cuenten con restricciones médicas en su dieta al respecto-.
  • Evitaremos que realice actividades físicas intensas que aumenten el esfuerzo y la sudoración en momentos de calor
  • La vestiremos con prendas holgadas y frescas, tejidos ligeros como el algodón y colores claros.
  • Evitaremos que se exponga al sol, sobre todo en las horas centrales del día -de las doce a las cuatro de la tarde-, más aún si la humedad ambiental es alta.
  • En caso de tener que salir con temperaturas elevadas, le aplicaremos fotoprotección de factor 50 y le protegeremos la cabeza con un sombrero o gorra. Una vez en el exterior, buscaremos siempre la sombra y los lugares frescos. También puede resultar útil el uso de abanicos.
  • Mantendremos la casa fresca y ventilada. Para ello, podemos servirnos de ventiladores u otros sistemas de climatización interior.
  • Nunca dejaremos a la persona que cuidamos en el interior de un vehículo estacionado o cerrado.

Fuentes:

  • Asociación Española de Geriatría y Gerontología (SEGG). Nota de prensa “Líquidos, comidas ligeras y protección del sol para un verano más cálido de lo habitual”.
  • Laboratorios Cinfa. Cinfasalud. “Golpe de calor”. Autor: Eduardo González, experto científico de Cinfa.
  • Fisterra. “Información para pacientes sobre las olas de calor”.
  • Mayo Clinic. “Golpe de Calor” y “Deshidratación”.
  • Laboratorios Cinfa. Cinfasalud. “Deshidratación”. Autor: Doctor Julio Maset, médico de Cinfa.
  • Consejo General de Colegios Oficiales Farmacéuticos. “La importancia de una correcta hidratación”.
  • MedlinePlus enciclopedia médica. Institutos Nacionales de la Salud / Biblioteca Nacional de Medicina de los EE. UU. “Deshidratación”. Versión en inglés revisada por: Neil K. Kaneshiro, MD, MHA, Clinical Professor of Pediatrics, University of Washington School of Medicine, Seattle, WA. Also reviewed by David Zieve, MD, MHA, Medical Director, Brenda Conaway, Editorial Director, and the A.D.A.M. Editorial team.
  • MedlinePlus enciclopedia médica. Institutos Nacionales de la Salud / Biblioteca Nacional de Medicina de los EE. UU. “Equilibrio hidroelectrolítico”.
  • The Nemours Foundation. “TeensHealth. Deshidratación”. Revisado por: Patricia Solo-Josephson, MD. 

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