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Sumergirse en las páginas de un libro es una de las maneras más placenteras de disfrutar del tiempo de ocio para muchas personas, pero, en el caso de los mayores, los beneficios pueden ir mucho más allá: además de entretener y proporcionar conocimiento, la lectura puede convertirse en una herramienta clave para prevenir o ralentizar el deterioro cognitivo, aumentar el bienestar emocional y, en definitiva, disfrutar de un envejecimiento saludable.


“Además de entretener, la lectura puede convertirse en una herramienta clave para prevenir o ralentizar el deterioro cognitivo”.


Entre otros beneficios, la lectura contribuye a ejercitar diferentes habilidades cognitivas que pueden verse afectadas por la edad como la memoria, la atención y, por supuesto, el lenguaje, además de estimular la imaginación. Asimismo, gracias a su efecto relajante, es capaz de reducir el estrés y la ansiedad y de favorecer el sueño, esencial para la buena salud física y mental de la persona que cuidamos. Esto puede ayudar a que se sienta mejor consigo misma -es decir, incrementar su autoestima- y favorecer, por tanto, su estado de ánimo, reduciendo las posibilidades de que sufra una depresión y/o apatía. 



Para que la lectura resulte placentera, es importante que, al igual que sucede cuando hablamos de ejercicio físico, esté adaptada tanto a las necesidades y posibles limitaciones de nuestro familiar como consecuencia de la edad -por ejemplo, posibles problemas de visión o de memoria-, como a sus gustos y preferencias personales. Por ello, a la hora de proponerle o proporcionarle lecturas, es positivo tener en cuenta las siguientes recomendaciones sobre distintos aspectos de la obra:

  • Tipo de papel y tipografía. En caso de que existan problemas de visión, puede ser recomendable que recurramos a ediciones impresas en papel mate y maquetadas con letra grande. Además, los libros electrónicos o e-books, pueden resultar muy útiles, al permitirles ajustar el tamaño de la tipografía e incluso la luminosidad de la pantalla a sus necesidades en cada momento. En caso de que la dificultad visual sea grande, siempre podemos leerle en voz alta o recurrir a los audiolibros.
  • La extensión. Si la persona a la que cuidamos comienza a tener problemas de memoria o atención, puede ser preferible que el texto no sea demasiado largo, en cuyo caso elegiremos libros cuya paginación no sea excesiva.
  • El tema y el género. La temática debe resultarle, ante todo, interesante, si bien puede ser tan variada como sus gustos y aficiones. Habrá personas a las que les guste especialmente evocar recuerdos de su juventud, situaciones de la vida cotidiana con las que puedan identificarse o entornos rurales si estos les traen a la mente su infancia; pero también habrá quien disfrute más de historias situadas en lugares lejanos que despierten su curiosidad, de biografías o novelas históricas o incluso de poesía o comics ilustrados. Es importante recordar, en cualquier caso, que no por ser mayores tienen por qué estar más interesados en historias centradas en la vejez o cuyos personajes se encuentren en esta etapa. Trataremos de buscar opciones acordes a sus gustos personales.
  • Los personajes y la trama. Nuevamente, en caso de que nuestro familiar comience a presentar problemas de memoria o atención, puede ser recomendable buscar lecturas que no cuenten con un excesivo número de personajes, y que sus nombres sean en español o en algún idioma familiar. También ayudará que la historia no sea excesivamente compleja o con demasiadas subtramas, facilitando de este modo que recuerde y pueda seguir los distintos acontecimientos y la evolución de sus protagonistas. Si fuera necesario, también podemos animarle a que trace un sencillo esquema con los nombres y relaciones de los protagonistas y los hitos que se desarrollan, a fin de facilitar su comprensión. 
  • El entorno. Es importante contar con un espacio cómodo para la lectura, con buena iluminación y un asiento confortable, que le permita mantener una postura adecuada y leer sin sentir fatiga. En caso de que presenten problemas de fuerza o movilidad, podemos valernos de atriles para sujetar el libro, o bien recurrir a los libros electrónicos, más ligeros que tomos gruesos.


Al acabar el libro, podemos enriquecer la experiencia lectora de la persona que cuidamos llevando a cabo con ella sencillos ejercicios de comprensión, como plantearle preguntas sobre el personaje o la trama, asociar escenas leídas con recuerdos propios, pedirle que resuma en una frase el argumento, establecer un debate o invitarle a crear un final alternativo.


Fuentes:

  • Residencia Geriátrica El encinar. Blog. «Beneficios de la lectura en la tercera edad y cómo fomentarla». 
  • Fundación Colisée. Centros residenciales. «Lectura para personas mayores: cómo fomentarla y por qué es clave en la tercera edad». Autor: Colisée.
  • Rubisocial Centres Residencials. «Cómo fomentar la lectura y el intercambio cultural en residencias de mayores«. Por Claudia María García.
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