
Beneficios de la jardinería en las personas mayores
¿Cuáles son los beneficios de la jardinería en personas mayores?
Plantar un geranio o podar un rosal son actividades que, además de resultar placenteras, pueden ayudar a mejorar el bienestar físico y emocional de la persona que cuidamos, promover su envejecimiento activo y fomentar su autonomía personal. De hecho, según fuentes del Instituto de Mayores y Servicios Sociales (Imserso), se ha comprobado que la jardinería aporta mejoras a nivel conductual, emocional y cognitivo.
En primer lugar, a nivel físico, el ejercicio suave o moderado que implica la jardinería o la horticultura -el trabajo en el huerto- puede mejorar la fuerza, la coordinación, la flexibilidad y la psicomotricidad fina, mientras que, a nivel sensorial, estimula sentidos como el olfato, la vista y el tacto, y, por tanto, mejora la conexión con el entorno.
“La exposición a la luz natural y al aire libre que conlleva la jardinería contribuye a que el organismo libere endorfinas y otras hormonas del bienestar”.
A nivel emocional, la exposición a la luz natural y al aire libre que conlleva la jardinería contribuye a que el organismo libere endorfinas y otras hormonas del bienestar, lo que, a su vez, puede reducir el estrés y la ansiedad de la vida diaria. De la misma manera, cuidar y cultivar plantas o verduras puede reforzar la autoestima y la confianza, gracias a esa sensación de logro y propósito que fomenta esta actividad.
Por otra parte, este tipo de labores contribuye a entrenar funciones cognitivas como la concentración y la atención, por lo que puede beneficiar especialmente a las personas con deterioro cognitivo. Además, en personas que han estado vinculadas a tareas relacionadas con la tierra durante su infancia o juventud, el trabajo en el huerto o el jardín puede estimular la memoria, al evocar en ellas pasajes del pasado.
Por último, las actividades en grupo como las que se llevan a cabo en jardines y huertos comunitarios fomentan la interacción social y el sentimiento de integración, al tiempo que promueven la cooperación y el buen humor.
Qué recomendaciones hay que tener en cuenta al realizar actividades de jardinería
Dado que las tareas de jardinería que podemos realizar pueden ser muy variadas, a la hora de escoger una u otra, tendremos en cuenta factores como las preferencias, necesidades y capacidades físicas y cognitivas de nuestro familiar. Por supuesto, la decisión dependerá también de si disponemos de acceso a un jardín o huerto y de si nuestra vivienda cuenta con una terraza o balcón donde podamos colocar maceteros o jardineras. Si no fuera así, el cuidado y cultivo de plantas de interior en casa constituye también una excelente opción.
En el caso de que tengamos opción de cultivar un jardín o huerto, nos aseguraremos, antes de empezar, de que estos espacios cuentan con un acceso fácil y de que la deambulación por ellos es segura, con el fin de evitar tropiezos y caídas.
También es clave que, tanto para actividades de exterior como de interior, los útiles de jardinería -palas, rastrillos, regaderas…- sean ergonómicos y fáciles de aferrar para reducir el esfuerzo y la tensión de las manos y articulaciones. Por ejemplo, los mangos de las herramientas deben ser anchos, extensibles y antideslizantes. Y, para hacer más llevadera la actividad a nuestro familiar, alternaremos periodos de actividad con pausas para descansar.
Actividades de jardinería de exterior y de interior
Como ya hemos visto, las labores de jardinería pueden ser llevadas a cabo tanto en nuestra vivienda como en jardines o huertos. En este segundo caso, podemos comenzar con tareas simples y de bajo impacto como la siembra de semillas o el riego. Otras opciones un poco más laboriosas son el rastrillado de hojas, la eliminación de maleza y hojas secas o la poda. La época del año y el clima nos indicarán también cuál es la actividad más adecuada en cada momento.
En el caso de que nuestro familiar no pueda agacharse, podemos hacernos con cajoneras o jardineras elevadas, que pueden ubicarse tanto en el jardín como en la terraza de casa y que le permitirán disfrutar de la jardinería sin tanto esfuerzo para la espalda.
Respecto a qué especies cultivar, es posible trabajar con plantas decorativas u optar por aquellas que dan frutos comestibles como las tomateras, la planta del calabacín o la fresa. Otra posibilidad son las plantas aromáticas o medicinales como el orégano, la menta o el tomillo.
Si no disponemos de balcón, como decíamos anteriormente, siempre tenemos la posibilidad de cuidar de plantas y flores de interior, que, además de proporcionar a la persona que cuidamos valiosos ratos de entretenimiento y tranquilidad, embellecerán su hogar.
Por último, en el caso de personas con problemas de movilidad o deterioro cognitivo avanzado, un jardín o parque nos ofrecerá siempre la oportunidad de pasear relajadamente o, simplemente, de sentarnos a disfrutar de la belleza y armonía del entorno.
Fuentes:
- Residencia Otxartaga. “La jardinería para personas mayores como terapia”. Maite Pereiro.
- Gobierno de España. Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030. Centro de Referencia Estatal de atención a personas con enfermedad de Alzheimer y otras demencias. Blog del CRE Alzheimer – Instituto de Mayores y Servicios Sociales (Imserso). Infografía “Los jardines terapéuticos”.
- Fundación Atilano Sánchez Sánchez. “Beneficios de la jardinería y el contacto con la naturaleza en la tercera edad”.
