
Higiene postural en personas encamadas
Autora: Dra. Alicia López de Ocáriz
directora médica de Cinfa
¿Por qué son importantes los cambios de postura en personas encamadas?
Los cambios de postura son fundamentales para la salud, ya que, entre otros beneficios, reducen los puntos de presión sobre el cuerpo y mejoran la circulación sanguínea, lo que minimiza el riesgo de padecer escaras o úlceras por presión o complicaciones como la trombosis venosa profunda y otros trastornos circulatorios o gastrointestinales, así como dificultades respiratorias por acumulación de secreciones bronquiales. Además, estos cambios también ayudan a mejorar el confort y bienestar general de nuestro familiar, así como a prevenir la rigidez muscular y articular.
“Los cambios posturales en personas encamadas pueden mejorar tanto su salud física como su bienestar psicológico y emocional”.
La mayoría de las personas cambiamos de postura cuando estamos incómodas o en respuesta a la presión que sentimos en las diferentes zonas de apoyo. Sin embargo, las personas que no sienten esta presión o que, sintiéndola, no pueden manifestarla o moverse, pueden requerir ayuda o supervisión para llevar a cabo estos cambios, evitando así que se generen distintos problemas de salud, sobre todo en quienes permanecen mucho tiempo en cama o sentados.
También la salud digestiva se ve beneficiada, ya que estos cambios estimulan la motilidad del intestino, lo que, a su vez, previene el estreñimiento y la distensión abdominal, entre otras afecciones.
Como vemos, los cambios posturales pueden mejorar la salud y calidad de vida física de nuestro familiar si este está encamado, pero también su bienestar psicológico y emocional, ya que una acción tan sencilla como moverlo con regularidad contribuirá a que se sienta cuidado y, de esta manera, disfrute de un mejor estado de ánimo.
¿Cuáles son las distintas posiciones posibles?
Cruz Roja detalla las siguientes posiciones que pueden valorarse para una persona encamada:
- Decúbito supino (“tumbado/a boca arriba”). La persona permanece tumbada sobre su espalda con los brazos y las piernas extendidas y próximas a su cuerpo. Al colocarla en esta posición, deberemos proteger el área donde apoya la cabeza y los hombros para evitar un exceso de flexión o extensión de la región cervical. Nos aseguraremos también de que sus pies se mantienen en ángulo recto evitando, con un cojín o almohada, que el talón se apoye sobre el plano de la cama.

- Decúbito lateral (“tumbada/o de lado”). En este caso, la persona permanece tumbada sobre un lado del cuerpo con los brazos y las piernas flexionados -estas últimas deben mantenerse separadas entre sí por una almohada.
La cabeza ha de estar en el mismo plano del cuerpo y alineada con la espalda. Además, vigilaremos que el hombro apoyado sobre la cama no soporte el peso corporal, ni el brazo quede atrapado debajo, lo que conseguiremos inclinando a nuestro familiar unos 30 grados, de forma que el apoyo no esté en la cadera y el hombro si no en el glúteo y la espalda. Para ello se coloca una almohada bajo la espalda (desde los hombros hasta el inicio de los muslos). La almohada no debe ser muy gruesa para no sobrepasar los 30 grados.
Podemos alternar esta postura hacia ambos lados para modificar periódicamente los puntos de apoyo.

Evitaremos colocar a la persona que cuidamos boca abajo, ya que se trata de una posición mal aceptada y contraindicada en caso de insuficiencia respiratoria o cardiaca.
¿Cómo y cuándo realizar los cambios de postura en la cama?
Realizaremos los cambios posturales con suavidad y de manera que no generen en nuestro familiar dolor o incomodidad -podemos ver cómo voltearle en el tema “Girar en la cama a una persona con movilidad reducida”. Cuando sea necesario, nos serviremos de almohadas, cojines y dispositivos de ayuda a la movilización para reducir el riesgo de lesiones.
La frecuencia de estas movilizaciones dependerá de las necesidades y limitaciones de nuestro familiar. En caso de que este no pueda moverse sin ayuda y de que no existan complicaciones, le cambiaremos de postura cada dos horas alternando las tres posiciones (boca arriba, del lado izquierdo y del lado derecho) que acabamos de comentar.
Si permanece sentado durante largos periodos, los cambios deben realizarse cada treinta minutos, mientras no haya contraindicaciones al respeto.
En caso de que pueda moverse, bien por sí mismo o con un poco de ayuda, y también permanezca sentado, es recomendable que se levante de su asiento durante unos segundos cada hora. Si puede moverse de forma autónoma, le animaremos a que lo haga cada quince o treinta minutos. Si su estado de salud se lo impide, podemos inclinarle lateralmente de manera alternada a la derecha y a la izquierda utilizando cojines para evitar que resbale.
Si no fuera posible por algún motivo modificar su posición, trataremos de reducir la presión con técnicas pasivas como moverle partes del cuerpo cada dos horas como mínimo, asegurándonos siempre de que luego queda en una postura correcta.
Fuentes:
- Editorial Ocronos. Revista Ocronos. “La importancia de los cambios posturales en el paciente«.
- Cruz Roja Española. Laboratorios Cinfa. “Convertirse en persona CuidadorA. Guía básica para personas cuidadoras”.
