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La osteoporosis es una enfermedad muy común que afecta a la masa ósea -la calidad, densidad y estructura del hueso- y cuya prevalencia aumenta con la edad. En España, según la Fundación Española de Reumatología (FER), tres millones de personas la padecen en la actualidad, la gran mayoría mujeres, y se prevé que esta cifra siga aumentando en la próxima década debido al envejecimiento paulatino de la población.

Esta dolencia vuelve los huesos más porosos; es decir, que aumenta la cantidad de aire en su interior, así como el número y tamaño de sus cavidades. Por eso, la osteoporosis debilita el esqueleto e incrementa el riesgo de padecer una fractura, especialmente, las llamadas fracturas de fragilidad, que se producen tras un golpe, caída o esfuerzo de poca intensidad que en un hueso sano y con densidad normal no causaría ninguna rotura.


“La osteoporosis vuelve los huesos más porosos, afectando a su calidad, densidad y estructura, lo que incrementa el riesgo de fracturas”.



El pico máximo de masa ósea se alcanza sobre los 30 o 35 años. A partir de ese momento, el cuerpo tiende a reabsorber el calcio y el fosfato de nuestros huesos, en lugar de mantener estos minerales en ellos, por lo que, poco a poco, conforme envejecemos, se produce una pérdida natural de masa ósea. 

Aunque normalmente este proceso avanza con lentitud, se prolonga a lo largo de toda la vida. Además, como veíamos al inicio, esta pérdida afecta en mayor grado a la mujer que, por una parte, ya cuenta con un pico de masa ósea menor que la del hombre y, por otra, deja de producir estrógenos al llegar a la menopausia, lo que puede acelerar la pérdida de masa ósea.

Pero existen también factores modulables que influyen en este proceso, muy vinculados a los hábitos de vida y que, por lo tanto, podemos modular: son el sobrepeso, el sedentarismo, el consumo de tabaco y alcohol o el seguir una dieta inadecuada o baja en calcio o vitamina D.

También la presencia de enfermedades como dolencias endocrinas, reumáticas inflamatorias, de la sangre o del hígado aumenta el riesgo de pérdida ósea. Por último, determinados medicamentos, tomados en dosis altas y de manera prolongada, pueden tener también como efecto secundario un debilitamiento de la masa ósea.



En el caso de los adultos mayores, esta enfermedad cobra especial gravedad, ya que, a partir de los 70 años, puede producirse la que se conoce como osteoporosis senil: debido a la falta de calcio en los huesos, la pérdida de masa ósea continúa avanzando, sobre todo en la columna vertebral y la cadera.

Además, en edades avanzadas, a la pérdida de calidad del hueso se suma una mayor inestabilidad en la marcha y mayor riesgo de caídas, lo que supone una mayor probabilidad de fracturas. De hecho, es en esta etapa de la vida cuando se producen la gran mayoría de las fracturas por fragilidad, cuya frecuencia aumenta de manera exponencial a partir de los 75 años.

Las fracturas típicas de la osteoporosis en personas mayores son las que afectan a los huesos largos como el húmero, el radio y el fémur. Se producen por golpes mínimos o caídas o, incluso, de forma espontánea, y son las muñecas y la cadera las articulaciones que más tienden a romperse. La fractura de cadera es, de hecho, la complicación más grave de esta enfermedad.

En los casos más avanzados, pequeños movimientos como agacharse, toser o estornudar pueden provocar fracturas en las vértebras. Estas generan dolores muy agudos en la espalda, que puede ir deformándose poco a poco.



La osteoporosis se considera una enfermedad silenciosa. Es decir, que no presenta síntomas en sus etapas iniciales y, en muchos casos, es la primera fractura la que lleva a descubrir la existencia de la enfermedad.

Por este motivo, si sospechamos que la persona que cuidamos podría padecer osteoporosis, es conveniente acudir a su médico para que, tras revisar su historia clínica y realizarle un examen físico, solicite, si lo considera necesario, una densitometría y, sobre todo, le dé las pautas a seguir.



La osteoporosis, y por lo tanto el riesgo de fracturas, puede reducirse si nuestro familiar sigue un estilo de vida saludable, con pautas dietéticas y de ejercicio específicas, tal y como se detalle en el contenido «Consejos para hacer frente a la ostoeporosis«.

Por último, existen algunos medicamentos indicados fundamentalmente para la osteoporosis En concreto, en el caso de que la dieta de la persona que cuidamos o su estilo de vida no le garanticen el aporte necesario de calcio y vitamina D, nuestro médico puede recomendarnos modificaciones en la dieta o el uso de suplementos de estos nutrientes.postmenopáusica, especialmente si el riesgo de fractura es alto.


Fuentes:

  • Fundación Española de Reumatología (FER). “Hoy, 20 de octubre, se celebra el Día Mundial de la Osteoporosis”.
  • Elsevier.org. Sociedad Española de Reumatología (SER). Revista Española de Geriatría y Gerontología. “Diagnóstico y tratamiento de la osteoporosis en mayores de 75 años”. María Jesús Moro Alvárez y Manuel Díaz-Curiel.
  • Fundación Internacional de Osteoporosis (FIO). Folleto educativo: “¡Tus huesos no hablan, habla por ellos! 2008 – 2009. Años de activismo en favor de la salud ósea”.
  • Francisco Vargas Negrín. Álvaro Pérez Martín. José Ramón López Lanza. Monografía “Los principales problemas de salud. Osteoporosis”. Informe AMF 2010; 6(5):240-251.
  • Muñoz-Torres M, Varsavsky M, Avilés Pérez MD. Unidad de Metabolismo Óseo – Servicio de Endocrinología y Nutrición – RETICEF – Hospital Universitario San Cecilio (Granada) Monografía “Osteoporosis. Definición. Epidemiología”. Rev. Osteoporos. Metab. Miner. 
  • Clínica Universidad de Navarra (CUN).
  • Organización Mundial de la Salud (OMS). Informe “Evaluación del riesgo de fractura y su aplicación en la detección de la osteoporosis postmenopáusica”.
  • Asociación Española Contra la Osteoporosis (AECOS).
  • Sociedad Española de Reumatología (SER). Monografía “¿Qué es la osteoporosis?”.
  • Familydoctor.org. American Academy of Family Physicians. Monografía “¿Qué es la osteoporosis?”.
  • Laboratorios Cinfa. Cinfasalud. Osteoporosis.
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