Incontinencia fecal en personas mayores y hábitos para mejorarla
Autora: Dra. Alicia López de Ocáriz
directora médica de Cinfa
¿Qué es la incontinencia fecal o de heces?
A partir de los 65 años y también en las personas con discapacidad mental o física, aumenta el riesgo de padecer incontinencia fecal o, en otras palabras, de pérdida involuntaria del control sobre las evacuaciones de heces o gases. Este problema puede repercutir muy negativamente en la salud de nuestros mayores, ya que incrementa la probabilidad de complicaciones físicas como úlceras o infecciones de orina. La piel que rodea el ano es delicada y sensible y el contacto reiterado con las heces puede derivar en la aparición de dolor, picazón y úlceras. Por otra parte, si los restos fecales contaminan la zona genital pueden provocar infecciones de orina.
Asimismo, la incontinencia fecal puede entrañar implicaciones psicológicas y sociales, ya que las fugas intestinales suelen despertar sentimientos de vergüenza y tristeza -incluso, depresión-, así como inducir a quienes las sufren a reducir sus actividades o sus relaciones sociales para ocultar su problema. A todo ello, se suman las consecuencias económicas, ya que este problema de salud puede suponer un gasto elevado en absorbentes.
«La incontinencia fecal puede conllevar también consecuencias psicológicas, como sentimientos de vergüenza, tristeza e, incluso, depresión».
¿Qué causa la incontinencia fecal en adultos mayores?
Entre las causas más frecuentes de esta problemática, se encuentran la diarrea, el estreñimiento (donde heces más duras bloquean el recto y hacen que se produzca una fuga de heces más blandas a su alrededor) y los daños o el debilitamiento de los músculos del ano, el recto y el suelo pélvico como consecuencia de la edad, de cirugías o de lesiones sufridas en accidentes o durante el parto -se trata, de hecho, de una dolencia más frecuente en mujeres-. También enfermedades como el párkinson, el alzhéimer, los ictus y otras, como la diabetes, pueden afectar al funcionamiento de los músculos y nervios de esta área.
Otros posibles factores de riesgo son alteraciones en el ano o el recto como el prolapso rectal, las hemorroides o la inflamación del recto, al igual que las enfermedades del aparato digestivo como el síndrome de colon irritable, la enfermedad de Crohn o la celiaquía.
¿Cuáles son los síntomas de la incontinencia fecal?
Como se comentaba al inicio, el síntoma principal con el que se manifiesta una fuga intestinal -término con el que también se conoce a la incontinencia fecal-, es la incapacidad de controlar la evacuación de las heces y gases, lo que a su vez puede provocar olores desagradables, irritación de la piel e, incluso, infecciones.
Este problema puede darse de manera temporal -por ejemplo, en caso de diarrea- o ser crónico. Por otra parte, existen dos tipos de incontinencia:
- Incontinencia por urgencia. Se caracteriza por la necesidad apremiante, repentina e incontrolable de defecar, que puede privar a veces a nuestro familiar del tiempo suficiente para llegar al baño antes de la evacuación.
- Incontinencia pasiva. En este segundo caso, la persona no percibe cuándo el recto se llena de heces y defeca sin percatarse de ello.
Asimismo, puede darse una fuga de deposiciones al expulsar gases.
¿Cómo se trata la incontinencia fecal?
Cualquiera de las anteriores circunstancias conlleva una mayor necesidad de atención por parte de la persona cuidadora, pero, sobre todo, de apoyo y comprensión, ya que, como vemos, puede ser una situación difícil de aceptar, que incrementa el sentimiento de vulnerabilidad de la persona que la afronta y con la que es complicado lidiar en el día a día. Por ello, hablar de este tema con sinceridad y calma y escuchar las preocupaciones y miedos de nuestro familiar constituye el primer paso para encontrar y aplicar soluciones para este problema.
También es aconsejable animarle a superar la vergüenza y comentar con el médico todos los síntomas y signos de las fugas, ya que cualquier detalle le ayudará a evaluar qué tipo de incontinencia sufre y sus causas, que podrían contar con un tratamiento específico. Por ejemplo, en el caso de estreñimiento o diarrea, puede estar indicado el tratamiento farmacológico y, en casos muy específicos, como el de la incontinencia originada por un prolapso rectal, puede requerirse una intervención quirúrgica.
Pautas y hábitos diarios para manejar la incontinencia
Desde casa, podemos complementar el abordaje médico con la práctica de diversas medidas y hábitos diarios que ayuden a la persona que cuidamos a prevenir o minimizar los efectos de la incontinencia como el mal olor, la irritación cutánea o las infecciones de orina. Entre ellos, se encuentran:
- En caso de estreñimiento, incrementar la fibra en la dieta. Por ejemplo, el consumo regular de verduras, frutas, cereales integrales y legumbres ayudará a nuestro familiar a regularizar su tránsito intestinal, al igual que una ingesta abundante de líquido que garantice una hidratación adecuada -a no ser que existan contraindicaciones médicas-.
- En caso de diarrea, evitar los alimentos o bebidas que puedan empeorarla. Por ejemplo, debe eliminarse o reducirse la ingesta de bebidas con cafeína, el alcohol, los productos lácteos, los picantes y los alimentos ricos en grasas.
- Llevar a cabo ejercicios para fortalecer los músculos afectados. El médico nos indicará cuáles son los más adecuados para el caso de nuestro familiar.
- Ir al baño con regularidad. Es conveniente establecer el hábito diario de ir al baño a la misma hora todos los días.
- No realizar un esfuerzo excesivo al evacuar. A largo plazo, hacer mucha fuerza durante la deposición puede debilitar los músculos del esfínter anal o dañar los nervios.
- Cuidar la higiene. Tras defecar, nuestro familiar debe lavarse las partes íntimas -con nuestra ayuda si fuera necesario- de forma adecuada: siempre desde adelante hacia atrás (para evitar arrastrar restos fecales a la zona genital), secándose después adecuadamente y aplicando una crema específica para esta zona si existiera irritación o enrojecimiento.
- Crear una ruta al baño accesible. El aseo debe ser fácil de localizar e identificar y el trayecto hasta él ha de estar bien iluminado y libre de obstáculos. También es conveniente dejar la puerta del baño abierta para que sea visible.
- Usar ropa fácil de poner y quitar. Si vestimos a nuestro familiar con este tipo de prendas, facilitaremos sus movimientos en el aseo. También podemos recurrir a los velcros en sustitución de botones y cremalleras.
- Usar pañales elásticos o compresas absorbentes. En caso necesario, podemos ampliar la información sobre ellos en el tema ‘Incontinencia urinaria: cómo elegir el absorbente y qué errores evitar’. Conviene, asimismo, llevar siempre pañales de reserva cuando salgamos de casa.
- Fomentar la comunicación. Si nuestro familiar tiene dificultades de movilidad, es muy importante que le animemos a que nos comunique cuándo necesita evacuar. Por nuestra parte, prestaremos atención a señales no verbales, signos de inquietud, sonidos inusuales o silencios bruscos.
Fuentes:
- Cruz Roja Española. Laboratorios Cinfa. “Convertirse en persona CuidadorA. Guía básica para personas cuidadoras”.
- Elsevier. Revista Española de Geriatría y Gerontología. “Incontinencia fecal en el anciano. Características clínicas y funcionales”. Navarro Ceballos, C.; Verdejo Bravo, C.; Cerdán Miguel, F. J. y Ribera Casado, J. M.
- Mayo Clinic. “Incontinencia fecal”.

