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Sin duda, uno de los placeres que nos brinda el verano es disfrutar de refrescantes baños en el mar o en la piscina, una experiencia muy gratificante a la que nuestros familiares mayores no tienen por qué renunciar. Todo lo contrario, acompañarnos a disfrutar de esta actividad, siempre que su situación lo permita, puede aportarles numerosos beneficios.

En primer lugar, la flotabilidad del agua les permite moverse sin que sufran las articulaciones, lo que les ayuda a mantenerlas en buena forma con un muy reducido riesgo de lesiones. Al mismo tiempo, la resistencia característica de este elemento facilita un entrenamiento de bajo impacto, idóneo para fortalecer músculos y huesos y mejorar la flexibilidad. Además, caminar o nadar en el agua contribuye a mejorar la salud cardiovascular, circulatoria y respiratoria, así como a trabajar habilidades como el equilibrio y la coordinación.

Y, en el caso de que estos baños se produzcan el mar, nuestro familiar podrá beneficiarse también del contacto con la brisa marina y el agua salada que puede contribuir a mejorar afecciones como la dermatitis atópica, la rosácea o el eczema, siempre y cuando no existan heridas abiertas   Sin embargo, la combinación con sol, arena y calor puede empeorarlas por lo que hay que evitar la exposición prolongada al sol y en las horas centrales del día.

A las anteriores ventajas se añaden los beneficios psicológicos de disfrutar junto a la familia, ya que estos momentos de ocio y entretenimiento aumentan la sensación de bienestar y relajación, fomentan las relaciones sociales e incentivan los sentimientos de inclusión y pertenencia.


“La resistencia que crea el agua facilita un entrenamiento de bajo impacto, idóneo para fortalecer músculos y huesos y mejorar la flexibilidad”



Para que la persona que cuidamos pueda disfrutar de los beneficios para la salud que brindan los baños en el mar y en la piscina y, al mismo tiempo, minimizar el riesgo de percances y accidentes, es muy importante que tomemos precauciones como las siguientes:

  • Elegir playas con vigilancia. Ello aumentará la seguridad durante el baño, al igual que respetar y seguir siempre las indicaciones del equipo de socorristas.
  • Asegurarse de que el adulto mayor se baña acompañado. Sobre todo, cuando su capacidad funcional esté reducida o si padece algún problema de salud. En este caso, no es conveniente que realice ejercicio físico intenso.
  • Evitar el baño en zonas o momentos de riesgo. Aunque pueda parecer obvio, no nos meteremos en el agua en áreas donde esté prohibido o si ondea la bandera roja. En caso de que sea amarilla, sopesaremos las condiciones del mar y la presencia de olas, corrientes y mareas.
  • Introducirse en el agua de manera progresiva. De esta manera, el cuerpo se irá aclimatando poco a poco a las nuevas condiciones de temperatura y humedad, sobre todo, en las épocas en las que haga mucho calor y el agua esté todavía fría.
  • Una vez dentro, evitar las zonas profundas. Nos aseguraremos de que la persona a nuestro cargo hace pie en todo momento, sobre todo si no sabe nadar. 
  • Utilizar materiales de flotación o apoyo. Los chalecos salvavidas, flotadores y tablas o churros de espuma pueden contribuir a que nuestro familiar aumente su estabilidad y flotabilidad en el agua y, por tanto, sienta mayor confianza y disfrute más del baño.
  • Valorar el uso de gafas de buceo o tapones para los oídos. Sobre todo, si nuestro familiar tiene los ojos delicados o presenta problemas recurrentes de infecciones en ojos u oídos, ya que la sal y el cloro en el caso de los ojos, y la humedad en el caso de los oídos, pueden resultar contraproducentes en estas situaciones.
  • Ante signos de cansancio o frío, salir del agua. No esperaremos a que avancen, ya que podría aumentar el riesgo de un incidente o de hipotermia. En caso de que estemos en la piscina, debe asirse a los manillares y barandillas para prevenir caídas.
  • En caso de emergencia, acudir inmediatamente al equipo de socorristas. Este podrá realizar los primeros auxilios a la persona accidentada y estabilizarla hasta que llegue un médico o ambulancia.


En ambas situaciones, también fuera del agua hemos de velar por la seguridad de nuestro familiar. Para ello, es conveniente que sigamos las siguientes recomendaciones:

  • Es fundamental ducharse para retirar el exceso de sal o cloro con agua dulce tras bañarse y así evitar que la piel se reseque en exceso.
  • Prestar atención al caminar.  Es muy importante que nuestro familiar se desplace con precaución: en la piscina, debe caminar con cuidado alrededor del vaso y utilizar siempre calzado antideslizante y bien sujeto al pie, mientras que, en la playa, es primordial que preste atención al caminar por la arena, ya que se trata de un terreno muy irregular. Si fuera necesario, llevaremos su bastón o el andador.
  • En la piscina, cuidado con los hongos de los pies. Al caminar en zonas comunes, o utilizar vestuarios o duchas públicas, es importante recurrir a chancletas o escarpines, para evitar posibles infecciones.
  • Tras el baño, mejor cambiar el bañador por uno seco o al menos asegurarnos de que este se seca de forma rápida.
  • Prevenir posibles golpes de calor y la deshidratación. Si las temperaturas son muy elevadas, es muy importante proteger a la persona que cuidamos del calor, siguiendo recomendaciones como las siguientes:
    • Evitaremos que se exponga al sol, sobre todo en las horas centrales del día -de las doce a las cuatro de la tarde-, especialmente si la humedad ambiental es alta.
    • La invitaremos a vestirse con prendas holgadas y frescas, confeccionadas con tejidos ligeros y transpirables como el algodón y el lino y colores claros.
    • También es conveniente que lleve un sombrero o gorra para proteger la cabeza del sol. Asimismo, ha de permanecer el mayor tiempo posible bajo la sombrilla o áreas sombreadas. También puede resultar útil el uso de abanicos.
    • Trataremos de que beba agua en abundancia para que se mantenga correctamente hidratada, tanto antes como después del baño y, si fuera necesario, durante. Hemos de recordar, además, que los ancianos en ocasiones no perciben la sensación de sed, por lo que hay que ofrecerles agua de manera frecuente, sin esperar a que aparezcan los signos de deshidratación.
  • Proteger la piel y los ojos de los efectos nocivos del sol. Dado que esta es más frágil en los mayores, le aplicaremos cada dos horas crema solar con factor de protección 50 y, como se comentaba anteriormente, trataremos de que se mantenga a la sombra el mayor tiempo posible. También es clave el uso de gafas de sol correctamente homologadas.
  • Estar alerta ante las picaduras de medusas y mosquitos. En caso de que se advierta de la presencia de medusas en la playa, es clave extremar la precaución en el baño. Y, si estas se encuentran en la orilla, hay que evitar tocarlas, aunque estén muertas. Igualmente, y sobre todo al atardecer, pueden hacer su aparición los mosquitos. En ese caso, es recomendable el uso de repelentes, así como ponerse alguna prenda de ropa.


Fuentes:

  • Gobierno de España. Ministerio de Sanidad.  “Prevención de ahogamientos y otros accidentes en el agua en personas adultas”. 
  • La Vanguardia. Longevity.  “Normas de seguridad para personas mayores en la piscina o la playa”. Alicia Rivera.
  • Residencia Fontpineda. “Precauciones si vamos a la playa con personas mayores”.
  • Dedicares. “Disfruta del agua de forma segura: Recomendaciones para prevenir accidentes en personas mayores”. 
  • Aiudo Blog. “Consejos para bañarse en la piscina en la tercera edad”.  Lorenzo Gómez. Periodista, redactor experto en gerontología.
  • Mapfre. Blog Salud Mapfre. “Beneficios del agua de mar para la piel”. Dra. Cira Vera Licenciada en Medicina y Cirugía. Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.
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