Cuidar respetando la dignidad de las personas con dependencia
Autora: Dra. Rebeca Cáceres Alfonso
psicóloga sanitaria y psicoterapeuta
¿Cómo respetar la dignidad de la persona cuidada incluso cuando depende de nosotros?
Cuando cuidamos de un familiar con dependencia, estamos tan preocupados por protegerle, facilitarle las cosas y, en definitiva, cuidarle bien, que puede ser que nos centremos tanto en la pérdida de sus capacidades, en lo que ya no es capaz de hacer, que se nos olvide que esa persona es mucho más que la condición de dependencia que tiene. Es normal: el día a día está lleno de tareas que no pueden dejarse de lado (aseo, medicación, comidas, citas médicas…) y muchas veces, sin querer, dejamos de ver todo lo demás.
Sin embargo, cuidar no es solo hacer cosas, también es acompañar y tener en cuenta su carácter, su historia, su manera de ser. Porque incluso cuando necesita ayuda para casi todo, esa persona sigue teniendo una identidad y una historia de vida.
«Cuidar con dignidad es ver a la persona más allá de su dependencia, reconociendo su historia, respetando su forma de ser y acompañándola con compasión».
Tener esto en cuenta no significa tener que hacer más, ni añadir una carga más a la tarea del cuidado que ya de por sí puede resultar agotadora. Significa, más bien, recordar algo que puede aliviar el cuidado: poner el foco en la persona más allá de en las tareas diarias puede ayudar a despertar la compasión, la comprensión y el vínculo. Esto no favorece solo a la persona cuidada, sino también a la persona cuidadora.
No hay una fórmula mágica para cuidar con dignidad, pero sí se puede reflexionar sobre algunas preguntas que ayudan a ello:
- ¿Cómo creo que está viviendo mi familiar lo que le pasa?
- ¿Cómo creo que se ve a sí mismo ahora?
- ¿Cómo siento yo el cuidado? ¿Estoy tan cansada que siento el cuidado como una obligación en la que solo hay que cumplir tareas?
Cuidar con dignidad no se refiere tanto a la cantidad de cosas que se hacen, sino la manera en que se hacen. A veces es simplemente acompañar, una manera de mirar, una palabra de empatía… Pero si la persona cuidadora está tan agotada que ya no puede mirar a quien cuida como alguien con identidad e historia de vida, y solo ve una lista interminable de tareas, entonces ha llegado el momento de pedir ayuda. Porque para que el cuidado sea sostenible, la persona cuidada y la que cuida necesitan estar bien. El bienestar de uno no puede ser a costa de la sobrecarga y el sufrimiento del otro.
Tres claves para cuidar con dignidad:
- Conocer su historia. Mirar más allá de la dependencia y reconocer a la persona que hay detrás, con su historia, su carácter y su dignidad. Recordar quién ha sido, qué le importa, qué la hace única.
- Cultivar una relación respetuosa. La forma de hablar, de mirarse, contar con su opinión siempre que sea posible y tener en cuenta sus preferencias y sus valores.
- Actuar con compasión. Comprender a la otra persona y acompañarla en sus malos momentos.

