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En la imagen, una anciana y un hombre más joven, probablemente su hijo, se dan la mano mientras se sonríen mutuamente. Cada etapa de cuidado lleva asociada retos, emociones y también diferentes posibilidades. Comprender cómo va evolucionado el cuidado puede ayudar a prepararse mejor, a organizarse con otros familiares o a pedir ayuda cuando se necesite.

Autora: Dra. Rebeca Cáceres

Psicóloga sanitaria y psicoterapeuta

Cuidar de una persona mayor puede ser un proceso que va requiriendo cada vez de más atención y presencia por parte de quien cuida. Al principio, el cuidado puede incluso pasar desapercibido, sin embargo, con el aumento de las necesidades de la persona mayor, se volverá parte del día a día para, en algunos casos, llegar a ocupar gran parte de la vida de quien cuida.

Es importante saber que, a pesar de la particularidad de la persona mayor y de su entorno cuidador, cada etapa de cuidado lleva asociada retos, emociones y también diferentes posibilidades. Antes incluso de que se necesite ayuda concreta, muchas veces hay una etapa previa, más silenciosa, en la que la persona mayor sigue siendo autónoma, pero comienza a mostrar pequeños cambios. Comprender cómo va evolucionando el cuidado puede ayudar a prepararse mejor, a organizarse con otros familiares o a pedir ayuda cuando se necesite.

A continuación, se hace un recorrido por las etapas del cuidado por las que muchas personas pasan cuando cuidan de un familiar con dependencia. Conviene aclarar que no se tiene que pasar por todas las fases ni tampoco todas las personas viven estas etapas de manera idéntica.


Es importante recordar que envejecer no significa dependencia. Muchas personas mayores siguen haciendo su vida de manera independiente. Aun así, con la edad pueden aparecer pequeños cambios que son absolutamente normales: les cuesta más hacer ciertas cosas, se cansan antes o se sienten más inseguras en situaciones que antes manejaban bien. Estos cambios no implican que no puedan seguir siendo personas autónomas, pero estar atentos a ellos nos ayuda a acompañar mejor a la persona mayor. Conviene recordar que no hay una edad exacta para que aparezcan estos cambios (si es que aparecen), porque cada persona envejece a su ritmo. Aun así, hay algunas cosas que se repiten con frecuencia y que pueden servir de guía.

En esta etapa es común:

  • Ver que una persona que siempre ha sido muy activa, ahora se cansa más y no hace tantas cosas.
  • Notar que le molestan situaciones que antes no: por ejemplo, mucho ruido o muchas personas en casa o que se altera con cambios en la rutina.
  • Que empiece a evitar actividades que antes les gustaban, como conducir o salir a caminar.


En esta etapa es común en los familiares:

  • Algunos familiares comienzan a tener la sensación de que “algo ha cambiado”, aunque no sepan exactamente qué. Esto contrastará con la visión de otros que pensarán que todo está como siempre o que esos cambios son propios de la edad.
  • Que los familiares estén más pendientes de los pequeños detalles, incluso sin darse cuenta (si ha salido, si lleva a cabo las rutinas de la vida diaria, si ha comido lo suficiente…).
  • Es frecuente que la familia al notar cambios sienta preocupación y duda sobre cuándo intervenir y cuándo dejar que la persona sea autónoma.


¿Qué puede ayudar?

  • Observar estos cambios sin más.
  • Entender que hay cosas que ya no podrá hacer igual que antes, y eso es parte natural del paso del tiempo.
  • No exigirle que siga siendo “como siempre”, sino acompañarla tal y como está ahora.
  • Hablar con profesionales si surgen dudas, aunque todavía no haya una situación de dependencia.
  • Tener en cuenta qué necesita ahora la persona.
  • Hablar entre los familiares sobre lo que se observa. Las conversaciones han de ser abiertas y respetar el punto de vista de todos.

Muchas veces, el cuidado de una persona mayor comienza de forma casi invisible. Sin darnos cuenta, empezamos a acompañarla al médico, a encargarnos de gestionar asuntos del banco o a recordarle la medicación. Al principio parecen ayudas puntuales, pero con el tiempo se vuelven parte de la rutina diaria. Y así comienza una nueva etapa que es la de cuidar a un familiar que empieza a presentar pérdida de autonomía.

En esta etapa es común:

  • No ser consciente de que ya se está cuidando.
  • Pensar que se trata de algo puntual, que no irá a más.
  • Empezar a renunciar a planes o actividades propias sin darse cuenta.
  • Sentir confusión o incertidumbre al ver que el familiar está cambiando, sin entender muy bien por qué.


¿Qué puede ayudar?

  • Hablar con otros miembros de la familia sobre lo que está ocurriendo.
  • Observar en qué tareas de la vida diaria se necesita ayuda y si esas necesidades aumentan con el tiempo.
  • Consultar con profesionales sanitarios o de servicios sociales que puedan orientar sobre lo que está pasando y cómo actuar.

Cuando la pérdida de autonomía va aumentando, también lo hace la necesidad de cuidados. Por eso, cuidar deja de ser algo puntual para convertirse en una parte importante de la vida cotidiana de los que cuidan.

En esta etapa es común:

  • Sentir cansancio físico y emocional, especialmente si el cuidado es intenso o continuo y si no hay apoyos.
  • Sentir miedos e inseguridades: no saber si se está haciendo bien y si se está haciendo lo suficiente.
  • Empezar a sentir que el cuidado ocupa casi todo el espacio y que se tiene poco tiempo para uno mismo.


¿Qué puede ayudar?

  • Pedir ayuda a otros familiares o recurrir a recursos sociales (centros de día, ayuda a domicilio, asociaciones…).
  • Tratar de establecer turnos o repartirse tareas cuando haya más personas implicadas.
  • Intentar reservar tiempo diario para el autocuidado.
  • Reconocer lo que se está sintiendo, sin juzgarse.
  • Aceptar que hay formas distintas de cuidar, y que lo importante es encontrar un equilibrio que se pueda sostener en el tiempo.

Puede ser que llegue un momento en el que la persona cuidada pierda gran parte de su autonomía y eso significa que va a necesitar ayuda para casi todo. Sin duda, eso hace que los cuidados se vuelvan más complejos y se requiera, en muchos casos, atención especializada.

En esta etapa es común:

  • Sentir una mezcla de emociones, no solo por la carga que pueda implicar el cuidado, sino porque la persona que cuida se enfrenta a ir viendo cómo su familiar puede ir presentando un declive. Así, puede sentir una mezcla de amor, tristeza, impotencia o cansancio.
  • Tener que tomar decisiones difíciles (hospitalización, aumento de los apoyos externos, institucionalización…).
  • Ante el aumento de la dependencia de la persona cuidada, puede ser que muchas personas se sientan solas en el cuidado.


¿Qué puede ayudar?

  • Permitir que otros familiares participen en el cuidado.
  • Pedir orientación profesional que pueda servir de guía en las necesidades que se están presentando.
  • Intentar buscar momentos de respiro para seguir sosteniendo la situación.
  • Reconocer que puede haber momentos en los que se sienta que no puede más.

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