
Claves del buen trato a las personas mayores
Autora: Begoña Dorado del Águila
Técnica del programa de Atención a personas mayores de Cruz Roja
Vivimos en una sociedad cada vez más longeva. Gracias a los avances sanitarios y a la mejora de las condiciones de vida, cada vez son más las personas que alcanzan edades avanzadas manteniendo una vida activa y participativa. Sin embargo, el envejecimiento, la enfermedad o determinadas situaciones de dependencia y/o discapacidad pueden hacer necesario recibir apoyos o cuidados en algún momento de la vida.
Cuando hablamos de cuidados, solemos pensar en aspectos relacionados con la salud física: la medicación, la alimentación, la higiene o la movilidad. Pero existe otro elemento igual de importante que influye en el bienestar de las personas: el modo en que son cuidadas. Aquí es donde cobra especial relevancia el concepto de buen trato.
“El buen trato en los cuidados va más allá de atender necesidades básicas, reconociendo a cada persona como única, con sus derechos, capacidades y una historia de vida propia”.
El buen trato constituye la base de unos cuidados de calidad. Va más allá de atender necesidades básicas y supone reconocer a cada persona como alguien único, con derechos, preferencias, capacidades y una historia de vida propia. Promover el buen trato no solo mejora la calidad de vida de las personas mayores y en situación de dependencia, sino que también fortalece las relaciones familiares, favorece la convivencia y contribuye a construir una sociedad más respetuosa e inclusiva.
¿Qué entendemos por buen trato?
El buen trato puede definirse como una forma de relacionarnos basada en el respeto, la dignidad, la empatía y el reconocimiento del valor de cada persona. En el ámbito de los cuidados, implica acompañar y apoyar sin anular la capacidad de decisión ni la identidad de quien recibe ayuda. Incluso cuando existe una situación de dependencia importante, es fundamental favorecer la participación de la persona en aquellas decisiones que afectan a su vida cotidiana.
El buen trato significa escuchar, preguntar, respetar opiniones, tener en cuenta preferencias y reconocer que cada persona tiene derecho a decidir sobre aspectos que le conciernen. También implica valorar sus capacidades y no centrarse únicamente en las limitaciones o necesidades que pueda presentar.
En definitiva, se trata de poner a la persona en el centro de los cuidados.
¿Cuál es la importancia de sentirnos respetados y valorados?
Las personas necesitamos sentirnos escuchadas, comprendidas y respetadas a cualquier edad. Cuando alguien recibe cuidados que tienen en cuenta sus necesidades emocionales y sociales, además de las físicas, suele experimentar una mayor sensación de bienestar y seguridad.
Pequeños gestos pueden marcar una gran diferencia: llamar a la persona por su nombre, explicarle lo que se va a hacer antes de ayudarla, respetar su intimidad o interesarse por sus gustos y preferencias. Estas acciones transmiten reconocimiento y contribuyen a preservar la dignidad personal. Además, sentir que se conservan espacios de decisión y control sobre la propia vida favorece la autonomía y puede tener un impacto positivo en la salud emocional.
Por ello, promover el buen trato es también una forma de cuidar la salud.
¿Preservar la autonomía es un aspecto fundamental en los cuidados?
A menudo se asocia la dependencia con la incapacidad total, cuando en realidad muchas personas conservan habilidades y capacidades que conviene potenciar.
La autonomía no significa hacer todo sin ayuda, sino poder participar, decidir y realizar aquellas actividades que resulten posibles con los apoyos adecuados.
Permitir que una persona elija qué ropa ponerse, qué desea comer, a qué hora prefiere realizar una actividad o cómo quiere organizar parte de su rutina diaria son ejemplos sencillos de promoción de la autonomía.
Aunque en algunos casos ayudar directamente pueda parecer más rápido, favorecer que la persona participe en las actividades cotidianas contribuye a mantener capacidades, reforzar la autoestima y aumentar la sensación de control sobre su propia vida.
Cada pequeño espacio de autonomía cuenta.
¿Cómo podemos incorporar el buen trato en la comunicación?
La forma en que nos comunicamos tiene un enorme impacto en la calidad de las relaciones de cuidado.
Una comunicación basada en el respeto implica escuchar con atención, mostrar interés genuino y utilizar un lenguaje claro y adecuado. También supone evitar actitudes paternalistas o infantilizadoras.
Escuchar activamente, dar tiempo para responder y mostrar paciencia favorecen relaciones más positivas y satisfactorias para todas las personas implicadas.
La comunicación respetuosa es uno de los pilares más sólidos del buen trato.
¿Y cómo atendemos las emociones?
Los cuidados no se limitan a las necesidades físicas. Las emociones, los vínculos sociales y el sentimiento de pertenencia desempeñan un papel fundamental en la calidad de vida.
Las personas mayores y aquellas que viven una situación de dependencia pueden enfrentarse a cambios importantes: jubilación, pérdida de seres queridos, limitaciones funcionales o modificaciones en sus rutinas. Estas circunstancias pueden generar situaciones de vulnerabilidad emocional.
Interesarse por sus experiencias, reconocer su trayectoria vital, facilitar el contacto con familiares y amistades o promover actividades significativas son formas de buen trato que favorecen el bienestar emocional.
Sentirse querido, acompañado y valorado es una necesidad humana universal que no desaparece con la edad.
