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Es una infección causada por bacterias o virus que llegan al organismo a través de la ingesta de comida o bebida en mal estado, alimentos crudos o por el contagio con otra persona.



Esta infección altera la capacidad del intestino para regular la absorción y la secreción de sales y agua. En consecuencia, aparecen los síntomas característicos de este proceso infeccioso, como dolor abdominal, diarrea, vómitos, falta de apetito o rechazo a los alimentos y, en algunos casos, cansancio, fiebre, cefaleas y dolores musculares y articulares.  Sin embargo, en los mayores resulta más complicado detectarla, debido a que producen heces más líquidas, presentan síntomas larvados y atípicos y tienen menor percepción del problema.

Esta incapacidad para tolerar alimentos y/o líquidos durante varios días puede conducir a la deshidratación. Esta es la complicación más preocupante de la gastroenteritis aguda y se produce porque, debido a la diarrea y los vómitos, el cuerpo pierde más líquidos de los que consigue reponer.



Las personas de edad avanzada son uno de los grupos de población que mayores complicaciones asociadas a esta infección pueden sufrir. La más frecuente de ellas es la deshidratación, cuyo riesgo en las personas mayores es elevado, debido a que, con el envejecimiento, disminuye la sensación de sed. Además, esta deshidratación puede agravar otras enfermedades ya existentes.

Por eso, resulta crucial que prestemos atención a posibles señales de esta complicación en nuestro familiar, con el fin de tratarla de manera precoz y evitar que se agrave. Sobre todo, en el caso de que la persona que cuidamos sufra algún tipo de daño cognitivo que haya mermado su capacidad de comunicación. En este caso, sería recomendable permanecer alerta a signos y síntomas como apatía, desasosiego, desorientación, bajos niveles de energía, menores cantidades de orina, ojos hundidos, sequedad de la piel y la boca y latidos cardíacos y respiración rápidos.

“Es crucial que detectemos cuanto antes las primeras señales de deshidratación en nuestro familiar, para poder tratarla de manera precoz y evitar que se agrave”.



Como decíamos, el objetivo fundamental y crítico del tratamiento de la gastroenteritis aguda es evitar que nuestro familiar se deshidrate. Para ello, intentaremos que reponga las sales y minerales perdidos con la diarrea y los vómitos, tratando de que ingiera líquidos adicionales ricos en sales y azúcar, que pueden ser caseros -agua con limón, zumos de fruta sin pulpa…- o adquirirse en farmacias, como las soluciones de rehidratación oral con glucosa y sodio.

Para mejorar su asimilación y evitar vómitos, se recomienda tomarlos lentamente cada quince minutos a sorbos pequeños, de manera que, cada dos horas, beba al menos un vaso de doscientos mililitros y, al cabo del día, un total de un litro y medio o dos litros.

En ningún caso recurriremos a bebidas isotónicas para deportistas, ya que contienen mucho azúcar, y evitaremos también las que contengan gas o alcohol. En caso de problemas para deglutir, puede ocurrir que sea necesario recurrir a gelatinas o preparados y, en los casos más graves, en los que el organismo sea incapaz de retener líquidos, será necesario acudir al médico para que valore la conveniencia de administrar los líquidos por vía intravenosa.

El segundo pilar del tratamiento es el reposo digestivo; es decir, conviene que nuestro familiar no tome alimentos durante las primeras ocho-doce horas, en las que lo más importante es rehidratar. Tras esta primera fase y cuando los síntomas, especialmente los vómitos, comienzan a remitir, podemos introducir alimentos en la dieta gradualmente y de manera fraccionada. Primero serán líquidos; luego, blandos o triturados; y, finalmente, sólidos, siempre en pequeñas cantidades para que los tolere mejor.

Al inicio, es mejor que optemos por alimentos astringentes y que evitemos los que son más irritantes como la leche y derivados (excepto el yogur) y los ricos en grasas y azúcares. Por ejemplo, podemos dar a la persona que cuidamos yogur natural, pan tostado, arroz blanco cocido, jamón cocido, tortilla bien cuajada, pechugas de pollo hervidas o a la plancha, pescado blanco, manzana rallada sin piel, membrillo, níspero o plátano maduro. Según evolucionen los síntomas y la consistencia de las deposiciones, mantendremos esta dieta durante unas cuarenta y ocho o setenta y dos horas.

Respecto al tratamiento farmacológico, normalmente no se requiere ningún tipo de medicación específica, pero si el cuadro es grave o persistente, deberemos consultar al médico para su valoración. Además, y en caso necesario, el médico puede recomendar algún medicamento para mitigar síntomas como el dolor, la fiebre, o las náuseas y vómitos.

En caso de que nuestro familiar tome diuréticos, el médico puede recomendar suspender su uso, pero no dejaremos de darle este u otros medicamentos sin consultarle antes.



Los síntomas deberían remitir de manera natural al cabo de entre uno y tres días, aunque pueden llegar a durar hasta quince. Si pasados los primeros dos o tres días nuestro familiar siguiera presentando los mismos síntomas, acudiremos a su médico.


La gastroenteritis infecciosa se transmite con gran facilidad de persona a persona. Generalmente, se propaga de la mano a la boca.

Por ello, la mejor medida de prevención es lavarse las manos cuidadosamente con agua tibia y jabón o, en su defecto, con alguna solución a base de alcohol, durante al menos quince segundos, sobre todo, después de ir al baño o cambiar pañales. También es necesario extremar la higiene en la cocina, donde debemos realizar una limpieza escrupulosa de los cubiertos, utensilios de cocina y superficies, especialmente tras un episodio de vómitos o diarrea.

Asimismo, es crucial que manipulemos y conservemos de manera adecuada los alimentos, ya que cualquiera que se sirva crudo o se manipule de manera inadecuada puede contaminarse. Por ejemplo, lavaremos y enjuagaremos bien las verduras de hoja verde, como la lechuga o la espinaca, las frutas frescas y los moluscos vivos.

Por último, dormir el número suficiente de horas -al menos siete diarias-, seguir una alimentación variada y equilibrada que garantice un correcto aporte de vitaminas y minerales y realizar ejercicio físico de manera regular dentro de sus posibilidades ayudará a la persona que cuidamos a mantener su sistema inmune fuerte.



Fuentes:

  • Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG). “Diarrea en los mayores: un problema frecuente”. Dr. Primitivo Ramos. Geriatra. Secretario General de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.
  • Laboratorios Cinfa. Cinfasalud. “Gastroenteritis”. Autor: Doctor Julio Maset, médico de Cinfa.
  • Sociedad Española de Epidemiología (SEE). Monografía “Epidemiología de las gastroenteritis agudas víricas. Aspectos actuales”. Coord. Juan B. Bellido Blasco.
  • Asociación Española de Pediatría y Hospital Universitario 12 de octubre de Madrid. Monografía “Gastroenteritis aguda”. Rocío Mosqueda Peña, Pablo Rojo Conejo.
  • Clínica Universidad de Navarra (CUN).
  • Revista Médica Clin. Condes. “Etiología y manejo de la gastroenteritis aguda infecciosa en niños y adultos”. Doctora Yalda Ducero.
  • Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.
  • Biblioteca Nacional de Medicina de los EE.UU.
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