Consejos de alimentación para personas con disfagia o problemas al tragar
Autoras: Dra. Chenhui Chen y Dra. Irene Criado Martín
especialistas en geriatría
¿Qué es la disfagia o dificultad para tragar, y cuándo debemos sospecharla?
La disfagia es un problema de la deglución, es decir, del proceso de tragar, y puede ocurrir con sólidos, con líquidos, o con ambos. En ocasiones, la disfagia puede pasar desapercibida: puede ser que simplemente la persona que cuidamos deje de comer o beber por miedo a atragantarse. También debemos sospecharla si durante o tras las comidas aparecen tos, cambios en el tono de voz, dolor al tragar o sensación de que la comida se queda pegada en la garganta.
¿Qué consecuencias tiene la disfagia en las personas mayores?
La disfagia es una alteración que muy frecuentemente se asocia a desnutrición, deshidratación y peor calidad de vida. Una de las consecuencias más graves son las infecciones respiratorias, que se producen por el paso de contenido de la boca a las vías respiratorias. La persona puede dejar de comer si aparece miedo a atragantarse, o puede dejar de querer salir de casa o disfrutar menos de las comidas.
Consejos en caso de detectar disfagia
- Evaluar su causa. En caso de sospechar que existe algún problema para tragar, es importante que un profesional médico evalúe su causa. Algunas de estas serán tratables y, en caso de no serlo, es necesario evaluar la seguridad de la deglución para establecer unas recomendaciones concretas. Además, existen ejercicios específicos para entrenar los sistemas implicados en la deglución, que deben ser indicados según la causa en cada caso.
- Evaluar la seguridad y eficacia de la deglución. Existen pruebas específicas que nos indicarán cómo debe ser la comida que es seguro tomar. Estas recomendaciones no serán las mismas si la disfagia es sólo para líquidos que si lo es también para alimentos sólidos. Gracias a esta valoración, podremos, por ejemplo, ajustar la cantidad de espesante que debemos usar para adecuar la textura de los líquidos y otros alimentos.
- Valorar la necesidad de recurrir a espesantes. Son sustancias específicas que el profesional sanitario puede recomendar, diseñadas para modificar la textura de los alimentos donde se incorporen como son la fluidez, consistencia y viscosidad, convirtiéndolos en una forma que resulte más fácil y segura de tragar.
- Postura. Es importante que, a la hora de comer, la persona que cuidamos esté bien erguida, y con el cuello ligeramente inclinado hacia delante. No es recomendable comer en la cama o elevar mucho el cuello, ya que esto facilita que la comida “se vaya para el otro lado” (las vías respiratorias).
- Utensilios útiles y otros a evitar. El uso de cubiertos pequeños ayuda a que las cantidades que se ingieren cada vez sean más pequeñas y se reduzca la posibilidad de atragantamiento.
En el caso de los líquidos, el uso de pajitas no está recomendado, ya que pueden provocar que el líquido sea difícil de manejar en la boca y que se produzcan atragantamientos de manera más fácil. En su lugar, es mejor utilizar un vaso lleno, para que no sea necesario extender el cuello para beber; también existen vasos especiales que tienen un hueco en un lado para evitar que el vaso choque con la nariz y ayudan en este sentido. - Asegurar un entorno adecuado en las comidas. Durante las comidas, es recomendable evitar distracciones (televisión, ruidos…), para que la persona con disfagia se concentre en tragar. Además, si tenemos que dar de comer, debemos ponernos justo delante, a su altura, y dar de comer ligeramente desde abajo, para que no tenga que estirar el cuello.
- Evitar la mezcla de texturas. Por la dificultad que supone tragar en estas personas, debemos evitar alimentos en los que se mezclen texturas (naranjas, mandarinas, uva, melón, sandía, piña o fresa) o preparados que tengan mezcla de texturas (sopa con fideos o carne, o galletas en leche, por ejemplo), ya que esto puede provocar que se produzcan atragantamientos con los líquidos mientras intentamos masticar los sólidos.
- Asegurar una adecuada hidratación e ingesta proteica. La presencia de disfagia se relaciona con una disminución de ingesta de líquidos, por lo que es importante controlar que se ingieren cantidades adecuadas de líquidos a lo largo del día (con textura adaptada a las capacidades de cada persona). Además, por la dificultad que se asocia en muchas ocasiones para masticar las texturas más sólidas (como carnes), es también importante incluir una adecuada ingesta de proteínas.
- Adecuar la forma de tomar el tratamiento farmacológico. Cuando existen problemas para tragar, no debemos olvidar la importancia de adaptar también los medicamentos vía oral que toma la persona que cuidamos. No todos los fármacos se pueden triturar, por lo que, antes de hacerlo, conviene comentarlo con el médico.

