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En la imagen vemos a dos mujeres: una mujer mayor y una joven. Pueden ser madre e hija. La persona joven pasa su brazo por el hombro de la otra en lo que parece un gesto de consuelo y de cuidado. En el cuidado familiar, poner límites implica ser consciente de quién eres y conocerte muy bien, saber qué necesitas, qué puedes dar y qué no, y poder expresarlo. Saber poner límites es una parte importante del autocuidado y contribuye a mantener relaciones sanas.

Autora: Dra. Alicia López de Ocáriz

directora médica de Cinfa

Cómo poner límites en el cuidado sin sentir culpa

Autora: Dra. Rebeca Cáceres

psicóloga clínica y psicoterapeuta


Durante el cuidado de otra persona hay momentos en los que notas que ya no puedes más, y aun así dices que sí. Sí a encargarte de otra gestión, sí a cambiar tus planes, sí a seguir disponible aunque estés agotado. Y cuando piensas en parar o pedir ayuda, aparece una sensación incómoda: la culpa. Sin embargo, poner límites no significa querer menos ni implicarse menos. Significa reconocer hasta dónde puedes llegar sin hacerte daño.


“Poner límites no significa querer ni implicarse menos. Significa reconocer hasta dónde puedes llegar sin hacerte daño”.



Poner límites implica ser consciente de quién eres y conocerte muy bien. Implica saber hasta dónde puedes llegar sin hacerte daño, qué cosas son las que te afectan y cuáles son las que te hacen sentir bien. Es reconocer qué necesitas, qué puedes dar y qué no, y poder expresarlo.

A veces, se confunde poner límites con ser egoísta y eso es porque muchas personas aprenden desde pequeñas a agradar, a cumplir, a no molestar o a estar disponibles para los demás. Y eso hace que decir “no” o priorizarse genere incomodidad.

Aparecen pensamientos como:

  • “Voy a hacer sentir mal a la otra persona”
  • “No quiero quedar mal”
  • “Debería poder con todo”

Y también emociones como la culpa o el miedo al rechazo. Por eso, muchas veces se acaba diciendo que sí cuando en realidad se quiere decir que no. Y poco a poco, las personas se van alejando de sí mismas y de sus propias necesidades. Se van perdiendo en el deseo o en las expectativas de otros.

No se trata de ser egoísta ni de pensar solo en uno mismo. Se trata de conocerse, cuidarse y relacionarse con los demás de una forma más sana. Poner límites es una parte importante de cuidarte y de mantener relaciones sanas y equilibradas.



En el cuidado, los límites no siempre tienen que ser grandes decisiones. Muchas veces empiezan por pequeños gestos cotidianos que ayudan a proteger tu bienestar y el de la persona a la que cuidas.

Algunos ejemplos de límites sanos en el cuidado son:

  • Tomarte un rato al día solo para ti, aunque sea breve.
  • Pedir que otra persona se encargue de alguna tarea concreta (hacer la compra, acompañar a una cita, quedarse un rato).
  • Respetar tus momentos de descanso.
  • Mantener alguna actividad propia (salir a caminar, quedar con alguien, hacer algo que te guste).
  • No asumir responsabilidades que podrías compartir con otros.
  • Pedir ayuda antes de sentirte desbordado, no solo cuando ya no puedes más.
  • Poner límites a comentarios o exigencias que te hagan sentir mal.
  • Respetar tus tiempos, sin exigirte llegar a todo.

Poner un límite no significa discutir ni dar explicaciones largas. Significa hablar claro, desde el respeto, pero también desde la firmeza.

Muchas veces ayuda expresarte desde la claridad y la calma, hablando en primera persona: “necesito descansar un rato”, “hoy no puedo hacerlo” o “esto necesito compartirlo”. Es importante tratar de ser concreto, diciendo exactamente qué puedes y qué no puedes hacer.

Poner un límite no significa dejar de cuidar. Significa intentar sostener el cuidado sin desaparecer tú en el proceso.

También es importante recordar que cuidar no debería ser una tarea en solitario. Aunque a veces cueste pedir ayuda, activar redes de apoyo es fundamental para que el cuidado sea sostenible.

Apoyarte en familiares, amistades o recursos profesionales no significa molestar ni delegar todo. Significa entender que no tienes que sostenerlo todo tú.
Aceptar ayuda no significa que otros lo hagan igual que tú. Significa permitir que el cuidado pueda repartirse para proteger también tu bienestar.

Poner límites cuando llevas mucho tiempo cuidando no siempre es fácil. Requiere escuchar tus necesidades, reconocer tus límites y darte permiso para ocupar también un lugar dentro del cuidado. Y eso también es una forma de responsabilidad y de amor.

Porque cuidar no significa olvidarte de ti ni poder con todo siempre. También implica aprender, poco a poco, a sostener el cuidado de una manera más humana y amable contigo misma.

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