¿Es positivo implicar en el cuidado de los mayores a las generaciones más jóvenes?
Autora: Dra. Alicia López de Ocáriz
directora médica de Cinfa
¿Puede el cuidado fortalecer el vínculo entre generaciones de una familia?
Cuidar de una persona mayor puede ser una oportunidad para reforzar los vínculos familiares. Cuando distintas generaciones (hijos/as, sobrinos/as, nietos/as) se implican en el cuidado, se crea un espacio en el que se pueden compartir valores, recordar historias y expresar el cariño, incluso de formas que antes no habíamos mostrado.
Es fundamental tener en cuenta la relación que se haya tenido con la persona cuidada a lo largo de la vida y el rol que esa persona haya tenido en la familia. No es lo mismo implicarse en el cuidado de una abuela que ha sido el alma de la familia, que cuidar de un tío con el que apenas se ha convivido. Las relaciones a lo largo de la vida juegan un papel fundamental a la hora de implicarse en el cuidado y desde dónde nos implicamos.
Por eso, es importante que no idealicemos el cuidado y que respetemos a cada uno de los miembros de la familia. No todas las personas viven el cuidado de la misma forma ni su relación con la persona cuidada tiene por qué ser igual que la de otros familiares.
El cuidado puede ser una forma de unir a la familia cuando se vive con naturalidad. Compartir tiempo entre generaciones es un aprendizaje mutuo: los más jóvenes descubren vivencias y conocimientos que de no ser por sus mayores nunca conocerían y, por otro lado, los más mayores se sienten reconocidos, útiles y parte activa de la vida familiar, algo que les ayuda en su bienestar.
«Compartir tiempo, historias y tareas crea aprendizajes mutuos, refuerza el sentido de pertenencia y favorece el bienestar de todos los miembros de la familia».
Estrategias para fortalecer el vínculo intergeneracional
Teniendo todo lo anterior en cuenta, algunas estrategias que pueden fortalecer el vínculo entre generaciones en el cuidado son las siguientes:
- Crear momentos compartidos, no solo tareas: Incluir a los más jóvenes en actividades significativas con la persona mayor, como cocinar una receta familiar, mirar álbumes de fotos o escuchar música juntos. También que la persona mayor, si es posible y quiere, se involucre en actividades más propias de los jóvenes como mirar internet, el móvil, cantar o bailar frente a la televisión, etc.
- Crear espacios para compartir historias: Fomentar que la persona mayor comparta anécdotas o recuerdos que ayuden a los más jóvenes a conocer sus raíces y que los jóvenes también compartan sus asuntos de la vida diaria con naturalidad.
- Repartir el cuidado con sentido de equipo: Asignar pequeñas responsabilidades acordes a la edad de cada miembro, transmitiendo que cuidar también es una forma de amar.
- Validar las emociones de todos: Escuchar lo que cada uno siente en este proceso y permitir expresarlo sin juicio, reforzando el respeto.
- Recordar que todos podemos aprender algo: Que los mayores puedan contagiarse de la alegría de los más jóvenes, y que estos puedan descubrir a través de los momentos compartidos a sus mayores como fuente de sabiduría y experiencia.
- Dar valor a lo cotidiano: Acompañar cinco minutos, contar una historia, preguntar cómo está el abuelo… también es cuidar. Esto puede reforzarse en las familias.
- Respetar los límites de cada uno: No todas las personas pueden implicarse de la misma manera, y eso no les hace menos parte de la familia. Esta es una transmisión de valores que ayuda al respeto de la identidad de cada una.

