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Cómo sobrellevar el desgaste emocional en el cuidado

Autora: Dra. Rebeca Cáceres,

directora médica de Cinfa


Hay momentos en los que el día termina, pero tú sigues en marcha. Te sientas por fin, en silencio, y notas que algo dentro de ti no se detiene. La cabeza sigue repasando lo que falta, el cuerpo continúa en tensión y cuesta desconectar, incluso cuando ya no estás cuidando activamente.

En el día a día del cuidado, esto puede volverse habitual sin que apenas te des cuenta. Porque cuidar no es solo hacer. Es también estar pendiente, anticiparte, sostener emocionalmente. Y cuando eso se mantiene en el tiempo, es fácil que tu propio bienestar vaya quedando en segundo plano.


“Cuidar no es asumir que uno debe estar para el otro olvidándose de uno mismo. Cuidar es acompañar sin desaparecer tú”.



Cuando cuidas durante mucho tiempo, es normal que aparezca un cansancio que no siempre se ve. Y no es un cansancio físico. Es también un cansancio mental, emocional. Tiene que ver con lo que sostienes cada día mientras, al mismo tiempo, intentas mantener tu propia vida. Hay veces que resulta agotador ver cómo tu familiar, al que quieres y cuidas, se va deteriorando y, a la vez, aumentan las demandas del cuidado. Tienes que lidiar con un montón de emociones y, en paralelo, debes dar respuesta a tu propia vida. Notas cómo el equilibrio se vuelve complicado y, a la par, tú misma puedes notarte distinta. A veces, puedes experimentar estar: 

  • Más irritable.
  • Con menos paciencia.
  • Más desconectado emocionalmente.
  • Cansado, incluso cuando paras.

A veces te preguntas: “¿qué me pasa?” o sientes “no puedo más” y, en ocasiones, te sientes hasta culpable. Si esto ocurre es normal y se llama desgaste emocional.  Y es que cuidar es también escuchar, ver, acompañar, y hay veces que hacer eso, día tras día, desgasta y deja huella.

Es habitual que este desgaste emocional se cuele en otros momentos: llevarte las preocupaciones a la cama, notar el cuerpo en tensión constante o sentir que no desconectas del todo en ningún momento. Como si una parte de ti estuviera siempre en alerta. Reconocerlo es empezar a entender lo que estás viviendo. 



Muchas personas cuidadoras creen que cuidar es sinónimo de hacerse cargo de todo. De lo práctico, de lo emocional, de los visible y de lo que no se ve. Muchas personas cuidadoras dicen: “es lo que nos ha tocado”, “esto es así” … Sin embargo, conformarse con esas creencias y pensar que no se puede cuidar de un modo diferente, a la larga, rompe.

Cuidar no es asumir que uno debe estar para el otro olvidándose de uno mismo. Cuidar es acompañar sin desaparecer tú.

A veces ayuda repetirte a lo largo del día ideas sencillas que te devuelvan a ese equilibrio: “puedo estar a su lado sin llevarme todo dentro”, “cuidar no es desaparecer”, “estar a su lado no implica renunciar a mí misma y a mis necesidades”.

En realidad, repetirse estas ideas o hacer pequeños gestos en el día a día es lo que marca la diferencia. Por eso, una sugerencia es que puedas hacer algunos gestos como: 

  • Marcar un ratito al final del día que sea exclusivo para ti.
  • Soltar lo que has acumulado a lo largo del día hablando, escribiendo o llorando.
  • Tener ratos breves que sean solo tuyos, como tomar un café, hacer una llamada o darte una ducha. 



No tienes que sostener el cuidado en soledad. Existen apoyos pensados para personas que cuidan y que pueden marcar la diferencia:

  • Hablar con personas de tu entorno (familiares, pareja, amigos…) ayuda a desahogarte, a sentirte comprendido y a no vivir el cuidado en soledad.
  • Hablar con un profesional que conozca el impacto emocional del cuidado puede ayudarte a entender lo que te pasa y a encontrar formas de cuidarte mejor.
  • Grupos de apoyo para personas cuidadoras: compartir con personas que viven situaciones parecidas alivia, normaliza y reduce la sensación de soledad.
  • Realizar ejercicios sencillos de relajación y respiración ayuda a bajar la tensión acumulada en el cuerpo.
  • Recurrir a prácticas de atención plena puede ayudarte a parar, aunque sea unos minutos, y a reconectar contigo.
  • Contar con información fiable sobre el cuidado, permite sentirte más acompañado y menos perdido en el proceso.

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