¿Quién cuida a quién? El cambio de roles en el cuidado
Autora: Dra. Rebeca Cáceres Alfonso
psicóloga clínica y psicoterapeuta
¿Cómo afrontar que ahora me siento padre o madre de mi propio padre o madre?
Más allá del tipo de cuidado que brindemos a nuestros padres y madres, suele haber un momento clave en este proceso: ese instante en el que tomamos conciencia de que ahora somos nosotros quienes cuidamos a quienes siempre nos cuidaron.
A veces, este cambio puede tener un fuerte impacto emocional para quienes tenemos que afrontar la pérdida simbólica de un pilar familiar; no es fácil gestionar el desconcierto de ver cómo esa figura que nos protegía empieza a transformarse, física y psicológicamente, hasta el punto de que en ocasiones puede resultar difícil hasta reconocerla.
“Es bueno aprender a normalizar y aceptar lo que sentimos como parte del proceso. Intentar no juzgarnos”.
Sea cual sea nuestra historia y relación con nuestros progenitores a lo largo de la vida, es importante reconocer que estamos ante uno de los cambios vitales más profundos. Y como todo cambio vital, trae consigo consecuencias emocionales. Por eso, es bueno aprender a normalizar y aceptar lo que sentimos como parte del proceso. Tenemos que intentar no juzgarnos y tampoco exigir a nuestros padres que sigan siendo quienes ya no pueden ser.
¿Cómo conseguimos conectar con la persona a la que cuidamos?
Cuando cuidamos de un familiar, es frecuente que, sin darnos cuenta, nos enfoquemos más en sus pérdidas y limitaciones que en la persona que es, o ha sido, a lo largo de su vida.
Es importante recordar que, detrás del cuidado, sigue estando ese ser único que conocemos: con su personalidad, sus gustos, sus hábitos y toda una historia de vida. Probablemente, en los casos mas severos de dependencia resulte complicado ver muchos de estos aspectos, pero tal vez nos pueda ayudar pensar en el vínculo que tuvimos y recordar la dignidad de toda persona por sí misma, independientemente de sus logros y sus capacidades.
Preservar su identidad y su dignidad significa intentar mantener vivos los momentos y espacios en los que puede seguir siendo ella misma. Y para ello podemos:
- Fomentar su autonomía y animarle a hacer aquello que puede realizar, incluso aunque sea algo muy pequeño.
- Proponer actividades compartidas que le resulten agradables.
- Procurar que las conversaciones no giren solo en torno a la enfermedad o las tareas de cuidado.
- También podemos recordarle lo que ha sido importante para ella, mirar fotos juntos, cocinar su plato favorito o, simplemente, sentarnos a compartir una historia.
Cuidar no es solo atender a las necesidades del día a día, también es responder a las necesidades emocionales, protegiendo la identidad de la persona a la que cuidamos y valorando su historia de vida.

