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Se conoce por ictus a la lesión que se produce por la interrupción de la circulación de la sangre por alguna zona de nuestro cerebro. Se le da distintos nombres, como accidente cerebrovascular, infarto cerebral, derrame, embolia o apoplejía, entre otros. Aunque nadie está libre de sufrirlo, este grave problema de salud es más frecuente a partir de los 65 años, por lo que las posibilidades de que le ocurra a una persona mayor de nuestro entorno son más altas.


El ictus se produce, bien porque los vasos sanguíneos del cerebro se obstruyen o bien porque se rompen, resultando en ambos casos en que la sangre no llega a alguna zona del cerebro. Los factores de riesgo que pueden incrementar las posibilidades de sufrir un ictus son diversos. Entre ellos, destacan la hipertensión o el colesterol elevado, pero también aspectos como la obesidad, el sedentarismo, el estrés o el consumo habitual de tóxicos como el tabaco, el alcohol y otras drogas.

Para intentar evitar un desenlace fatal o que queden secuelas incapacitantes, es fundamental tratarlo con rapidez, lo antes posible, y por ello, es muy importante saber reconocer los síntomas de un ictus de forma temprana.


Debemos prestar atención a las señales de alarma, que suelen aparecer de forma repentina, que pueden indicar que la persona a la que cuidamos está sufriendo un ictus. Para recordarlas, podemos valernos del método ‘RÁPIDO’:

  • R (Rostro): La cara se cae de un lado cuando la persona intenta sonreír. También puede sentir hormigueo y un dolor de cabeza muy intenso: diferente al habitual y de comienzo brusco.
  • Á (Alteración del equilibrio): La persona tiene dificultad para mantenerse en pie o caminar o se cae. También puede experimentar sensación de vértigo.
  • P (Pérdida de fuerza): Se siente debilidad, hormigueo o entumecimiento en un lado del cuerpo. No puede sostener un objeto o ni siquiera levantar el brazo o una pierna.
  • I (Impedimento visual): La persona ve borroso, tiene visión doble o pierde parcial o totalmente la visión en uno o en los dos ojos.
  • D (Dificultad para hablar): La persona tiene dificultad para hablar o lo que dice no tiene sentido. También puede costarle entender lo que le dicen.
  • O (Obtener ayuda rápido): Llama a emergencias o busca ayuda médica lo antes posible.

Si se observa alguno de estos signos, es importante actuar rápidamente.

  • Antes de nada, llamaremos a los servicios de emergencia (número 112). En cuanto detectemos alguno de los signos o señales de alarma del ictus, E INCLUSO EN CASO DE DUDA, hemos de avisar a emergencias. Esta llamada activará en casi todo el país el ‘Código Ictus’, un protocolo que dirige al paciente a un hospital con Unidad de Ictus, donde se confirmará o no el diagnóstico y se le tratará de urgencia.
  • Pondremos cómoda a la persona. Mientras llega la ayuda profesional, le aflojaremos la ropa para que pueda respirar mejor, la tumbaremos con cuidado y le elevaremos un poco la cabeza y los hombros con un cojín, almohada o, si nos encontramos en el exterior, un abrigo o varias chaquetas dobladas. Trataremos también de que no sienta frío o exceso de calor.
  • La tranquilizaremos. Podemos hablarle con tono calmado y sereno e informarla de que la ayuda está en camino. También evitaremos que se formen aglomeraciones o se mantengan conversaciones a su alrededor.
  • En ningún caso la moveremos. Tampoco la forzaremos a hablar.
  • No le daremos alimentos o líquidos. Beber o comer tras un ictus puede conllevar riesgo de atragantamiento.
  • Tampoco le administraremos ningún medicamento. Los profesionales sanitarios lo harán a su llegada, en caso de que fuera necesario.
  • Nos mantendremos a su lado. Hasta que llegue el personal de emergencias médicas, en ningún momento dejaremos sola a la persona 
  • En caso de pérdida de conciencia, comprobaremos si respira y nos aseguraremos de que no haya obstáculos en las vías respiratorias, como, por ejemplo, una dentadura postiza. Si respira, colocaremos a la persona de lado (en la posición lateral de seguridad). En caso de que no respirara y no tuviese pulso, estaríamos ante una parada cardiorrespiratoria, y sería necesario practicar la reanimación cardiopulmonar (RCP).
  • Si sufre convulsiones, despejaremos su entorno. Alejaremos cualquier objeto que pudiera dañarla y, sin sujetarla con excesiva firmeza, trataremos de que se mantenga, en la medida de lo posible, en la posición lateral de seguridad.

Fuentes:

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