Nuevas actividades de musicoterapia para hacer con personas mayores
La musicoterapia como actividad compartida
La musicoterapia no solo se sugiere en contextos grupales; también es un recurso valioso para quienes la practican en solitario o para familiares y cuidadores de personas mayores o con alguna enfermedad.
Aunque la musicoterapia es una práctica especializada que debe realizarse bajo guía profesional, a continuación, se proponen cinco ejercicios sencillos y versátiles, pensados tanto para nuestro propio bienestar como para facilitar la recuperación y el confort de la persona a la que acompañamos. Todos ellos pueden dirigirse específicamente a la persona cuidada o bien realizarse de manera conjunta, para que ambos podamos nutrirnos de los beneficios de la práctica, fortaleciendo nuestra comunicación y vinculación emocional.
1. Playlist terapéutica personalizada
Objetivo: Crear un “banco emocional” de piezas musicales que acompañen distintos estados de ánimo.
Cómo hacerlo:
- Dedicamos 30–45 minutos a explorar música que nos transmita relajación, alegría o motivación. Podemos dar un paseo por nuestro recuerdo. Pensar en aquellas canciones que nos han marcado a lo largo de nuestra vida. Las que nos han ayudado a mejorar nuestro estado de ánimo o a conectar con momentos felices. También aquellas que nos han ayudado a relajarnos o a activarnos cuando nos ha faltado energía. En este caso, podemos centrarnos únicamente en las piezas significativas para la persona que cuidamos, o bien buscar canciones que tengan un significado especial tanto para ella como para nosotras.
- Organizamos tres listas cortas (5–7 pistas cada una): una para activarnos, otra para calmarnos y una tercera para reflexionar. Tener estas listas de reproducción en el móvil puede resultar muy práctico, pero también podemos escribir los títulos de las canciones y tener los discos a mano para reproducirlos llegado el momento, si así lo preferimos.
- Usaremos la lista adecuada según lo que necesitemos en cada momento.
- No tengamos miedo de preguntarnos cómo nos encontramos y qué necesitamos. Usaremos la música como trampolín hacia nuestro bienestar.
2. «Canto en espejo»
Objetivo: Fomentar la interacción, el vínculo con la otra persona y la imitación vocal. Mediante este ejercicio, conseguiremos una activación cognitiva y trabajaremos la memoria a corto plazo. También podemos poner el foco en la mejora de la capacidad de coordinación motriz, en el caso de que decidamos añadir un elemento de percusión. Si tenemos algún instrumento musical como un tambor, pandereta o maraca podemos utilizarlos, pero no son imprescindibles. Podemos sustituirlos por sonidos realizados con palmadas o golpes en la mesa, o por elementos cotidianos, como unos palillos o dos cucharas.
Esta actividad pueden realizarla personas de cualquier edad e, incluso, con deterioro cognitivo, siempre y cuando sean capaces de llevar a cabo la ejecución de la orden. En cualquier caso, simplificaremos las melodías o las haremos más complejas en función de cada caso.
Cómo hacerlo
- Elegimos melodías muy breves (4 sílabas o notas).
- Emitimos ese fragmento de canción y la persona lo repite.
- Intercambiamos roles para que ambos ejerzamos de “modelo” y “espejo”.
- Después, podemos añadir movimientos corporales a la emisión del sonido, para enriquecer la reproducción y trabajar tanto a nivel cognitivo como coordinativo.
3. Cuentacuentos musical
Objetivo: Promover la expresión emocional no verbal, la imaginación y la creatividad.
Cómo hacerlo
- Narramos una historia improvisando efectos con la voz o instrumentos simples. Por ejemplo: podemos representar personajes con tonos distintos o añadir sonidos (un tambor suave para pasos, un arpa imaginaria para magia, un plástico u hoja arrugada).
- Esta dinámica refuerza la imaginación, la creatividad y nos permite “pintar con sonidos” escenas de la vida de ambos. Es como armar un cuento a dúo: cada uno añade su “nota” al relato. Así se promueve la expresión emocional no verbal.
4. Baile creativo o movimiento sonoro
Objetivo: Liberar tensión física y emocional, mejorar el estado de ánimo y la coordinación.
Cómo hacerlo
- Bailamos juntos al ritmo de una canción –incluso sentados– usando pañuelos o cintas en las manos. Convertimos el espacio en un “lienzo en movimiento”. Cada paso o gesto es como dibujar en el aire con música.
- No hace falta ser experto. La idea es dejarnos llevar: girar lentamente, levantar los brazos, aplaudir en el estribillo… Es, en cierto modo, “pintar emociones con el cuerpo”.
- Podemos elegir cualquier canción. Por si no se nos ocurre ninguna, aquí tenemos alguna sugerencia con ritmos claramente marcados que facilitan este tipo de actividad: Danza Rusa (Trepak), Clap Clap Sound (The Klaxons), Letkiss (Roberto Delgado).
5. Composición de una canción o poema musicalizado
Objetivo: Fortalecer la expresión personal y el vínculo entre ambas personas.
Cómo hacerlo
- Creamos juntos una letra sencilla sobre un tema personal (por ejemplo, un recuerdo feliz o la rutina del día) y le ponemos melodía. Incluso un ritmo con palmas o pandereta casera es válido. Escribir una canción es como dibujar un diario a ritmo: cada frase compuesta es un paso en nuestra historia compartida. Según la musicoterapia, hacer música activa la autoestima y la comunicación.
- Al final, podemos guardar la canción y escucharla más tarde, reforzando el logro conjunto.
Consejos para sacar el máximo partido a las actividades de musicoterapia
- Respetaremos los ritmos individuales. Tanto si realizamos estas actividades en solitario como en compañía, es importante ajustar la intensidad y la duración de la energía a cada persona.
- Mantendremos la flexibilidad. Si la persona a la que acompañamos o nosotros mismos no nos sentimos con ganas, podemos esperar a realizar el ejercicio en otro momento o adaptar los tiempos en función de nuestras necesidades.
- Buscaremos un espacio acogedor. Intentamos preparar un entorno en el que prime la comodidad. Podemos recurrir al uso de cojines, si es necesario, sillas, cama y luz agradable.
- Usaremos materiales sencillos. Un móvil, un pequeño altavoz, unos palitos de madera o cubiertos o, incluso, un libro, pueden servirnos como “instrumentos”.
Como conclusión, hay que decir que no debemostener miedo de experimentar poco a poco con la música. Conectar con el aspecto lúdico y emocional de la misma nos ayudará a mejorar nuestro bienestar, la comunicación y la conexión entre ambos. Si sentimos que nuestras necesidades requieren de una intervención más específica, podemos pedir apoyo profesional.

