Estrategias sencillas para estimular el apetito en personas mayores: platos más atractivos y nutritivos
¿Cómo hacer frente a la inapetencia habitual en los meses de otoño?
Con la llegada del otoño, el cuerpo de las personas mayores experimenta reajustes adaptativos. En esta época del año, es habitual que la inapetencia (conocida técnicamente como hiporexia) se acentúe: la reducción de las horas de luz solar y el cambio de rutinas tras el verano pueden alterar los ritmos circadianos, favoreciendo la apatía y disminuyendo la actividad física diaria. Al moverse menos, el gasto energético baja y la sensación de hambre se reduce. Si a este factor estacional le sumamos la pérdida natural del gusto o la fatiga al masticar, la alimentación puede llegar a convertirse en un reto diario para las personas mayores y sus familiares cuidadores.
Para estimular el apetito, es importante recordar que no se trata de servir raciones más grandes ni de forzarles a comer. La clave está en aprovechar la riqueza del otoño mediante recetas templadas, aromas reconfortantes y combinaciones de color que despierten sus sentidos, logrando así incrementar la densidad nutricional en cada cucharada.
A continuación, te compartimos pautas prácticas y muy sencillas que pueden ayudarte:
1. Adapta la temperatura y consistencia de los platos a sus necesidades
En otoño, el cuerpo agradece la comida de cuchara, pero los platos excesivamente calientes pueden atenuar los sabores y abrasar una mucosa bucal delicada. Por ello, es importante vigilar que cada plato tenga la temperatura idónea. Servir las cremas, sopas o guisos templados facilita la deglución, no genera fatiga al comer y permite que la persona mayor perciba mucho mejor los aromas del plato.
Otro matiz importante es controlar el tipo de texturas que ofrecemos. Los purés sedosos, los estofados melosos y los pasteles templados son fantásticos, porque no requieren esfuerzo de masticación y generan una agradable sensación de bienestar digestivo.
2. Aprovecha los colores y sabores del otoño para estimular los sentidos
- “La comida también entra por los ojos”: Los tonos cálidos de la huerta de octubre (naranjas, amarillos y marrones) son naturalmente atractivos para el cerebro y abren el apetito de forma visual. Los ingredientes estrella, la calabaza, el boniato, la zanahoria, las setas y la manzana o pera cocidas, son aliados excepcionales. Además, una presentación cuidada, combinando colores o prestando atención a la disposición de los alimentos, puede ayudar mucho a la hora de incrementar la apetencia por un plato.
- Potencia los sabores dulces: A nivel fisiológico, el sabor dulce es el más resistente al paso del tiempo, manteniéndose mejor preservado que el salado o el amargo a medida que envejecemos. Por ello, el dulzor natural que liberan las hortalizas otoñales al cocinarse a fuego lento mejora significativamente la palatabilidad de las preparaciones saladas en personas con inapetencia.
- Los aromas también ayudan: Además, el uso de aromas como el laurel, el tomillo, la nuez moscada o una pizca de canela en platos de calabaza o compotas ayudan a abrir el apetito, ya que estimulan el olfato antes del primer bocado.
3. Sirve raciones pequeñas, pero «concentradas»
Un plato hondo demasiado lleno puede abrumar visualmente a la persona mayor antes de coger la cuchara, provocando un rechazo inicial. Un truco para evitar esta situación es servir menos cantidad en platos amplios. Ver una porción pequeña y bonita les motiva a empezar porque sienten que «se lo van a poder acabar». Siempre habrá tiempo de ofrecer más cantidad.
No obstante, si solo van a comer cuatro o cinco cucharadas, debemos asegurarnos de que cada una esté repleta de energía y proteína para proteger su masa muscular frente al frío, y para ello es importante lograr un enriquecimiento nutricional invisible. Para lograrlo, algunos trucos son:
- En cremas y purés, añade un huevo cocido o escalfado, un chorro de aceite de oliva virgen extra (AOVE), queso fresco batido o pechuga de pavo/pollo bien deshilachado justo antes de servir.
- En compotas de fruta, incorpora una cucharada de frutos secos molidos (como almendra en polvo) para sumar nutrientes sin añadir tropezones duros.
4. Cuida el ambiente: la importancia de la tranquilidad y la compañía
Por último, hay que tener en cuenta que el ambiente “también come”. Crear un entorno tranquilo, sin prisas, con buena luz y, a ser posible, acompañar a nuestro familiar a la mesa, convierte el momento de la comida en un acto social agradable. Un ambiente relajado es la mejor manera de abrir el apetito.
Estas pautas están pensadas para personas mayores que no presentan patologías específicas asociadas a la alimentación. En caso de que nuestro familiar tenga alguna enfermedad, intolerancia o restricción médica, deberemos adaptar siempre los ingredientes a sus necesidades individuales.



