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En la imagen vemos a dos mujeres, una mujer más joven que abraza con los ojos cerrados y con un gesto de cariño a la otra más anciana. La mujer mayor lleva unas gafas y sonríe contenta mientras recibe el abrazo de la otra mujer que parece ser de su familia.

¿Cómo sanar la relación a través del cuidado? 

Autora: Dra. Rebeca Cáceres

psicóloga clínica y psicoterapeuta


Cuidar de un familiar mayor no siempre parte de una relación fácil o sin conflictos. En muchas familias quedan asuntos pendientes, malentendidos o heridas antiguas que parecían olvidadas y que, con la llegada del cuidado, pueden volver a aparecer. Esto puede hacer que el proceso resulte más complejo y doloroso. Sin embargo, el cuidado también puede convertirse en una oportunidad para mirar la relación desde otro lugar: acercarse de forma diferente a la persona cuidada, mejorar la relación con otros familiares y reconciliarse con una misma.



El cuidado puede ser un espacio para mirar la relación con la persona cuidada de otra manera. A veces, el envejecimiento muestra partes más vulnerables del otro y despierta una mirada compasiva en los familiares a pesar de que haya habido una relación distante o conflictiva en el pasado.
En este contexto, algunas personas descubren que pueden reconciliarse con lo vivido y abrir un espacio de cercanía.

Con la persona cuidada puede aparecer la oportunidad de sanar cuando…

  • Surgen gestos de reconocimiento de la persona cuidada a la persona cuidadora, como un “gracias” sincero o una mirada de complicidad.
  • Cuando el carácter de la persona cuidada se suaviza y aparecen palabras o actitudes de afecto que antes no eran habituales.
  • Cuando la persona cuidada expresa de manera directa sus emociones hacia quien la cuida, reconociendo su importancia y mostrando afecto positivo.
  • Se comparten recuerdos de la vida pasada que permiten acercarse desde otro lugar.
  • El cuidado diario se convierte en un momento de encuentro. 
  • Pequeñas rutinas (una comida compartida, un paseo, una conversación breve) devuelven la sensación de vínculo y presencia mutua.


El cuidado también puede ser un momento para mirarse hacia adentro y reconciliarse con una misma. A veces, al cuidar, aparecen sentimientos de culpa, autoexigencia o la sensación de no estar a la altura. Sin embargo, el propio acto de cuidar puede ayudar a reconocer la entrega, la fortaleza y la capacidad que se tiene. Reconciliarse en este proceso significa aprender a valorar lo que se hace, reconocer los propios límites y darse permiso para no ser perfecta. En este sentido, el cuidado ofrece la oportunidad de mirarse con más compasión y respeto. 

Con una misma puede aparecer la oportunidad de sanar cuando…

  • Se descubre que se tiene más fortaleza y paciencia de la que se pensaba.
  • Se reconoce el valor de lo que se está haciendo, aunque no siempre sea perfecto.
  • Se aprende a aceptar los propios límites sin sentirse culpable.
  • Se empieza a mirar lo que se hace con más respeto y menos autoexigencia.
  • Se permite un espacio para cuidarse también a una misma, entendiendo que no es egoísmo, sino parte del proceso.


Compartir la responsabilidad del cuidado puede transformar los lazos familiares. Puede ser que, a pesar de las diferencias o conflictos antiguos, cuidar juntos sea una oportunidad para reconocerse, apoyarse y volver a encontrarse de otra manera.

Con la familia puede aparecer la oportunidad de sanar cuando…

  • Se agradece de forma explícita la implicación de cada uno, aunque sea en pequeñas tareas.
  • Se comparten decisiones importantes, escuchando y valorando las diferentes opiniones. Sin juicios y con el máximo respeto. 
  • Surgen conversaciones que antes se evitaban y que, ahora, permiten aclarar malentendidos o acercar posturas.
  • Se reconocen los límites de cada persona sin juzgar, entendiendo que todas las personas aportan desde sus posibilidades.
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